Confesiones desde el infierno: "De grande quiero ser chorro"

Sociedad

*Un equipo de “70.20.10, Así comenzó todo” recorrió las calles de uno de los barrios más señalados a partir de los actos de violencia, robos y muertes, que recorren Capital y el conurbano.

Quienes no viven allí y caminaron ocasionalmente alguna vez por sus veredas y pasillos, juran que en el aire se puede sentir un peligro permanente, la certeza de que cualquier cosa, en poco tiempo, puede suceder. Los vecinos, en tanto, dividen sus sentimientos entre los deseos de presencia policial y los de poder migrar a parajes más tranquilos: Fuerte Apache, un país dentro de Argentina.

En momentos en que las calles, los barrios, los clubes y los hogares están bajo la constante amenaza de la inseguridad; en los que el poder político –aún el más reticente- plantea la posibilidad de cambiar las leyes que juzgan a los chicos que delinquen, y en los que las personalidades con presencia en los medios de comunicación claman por "seguridad", un equipo periodístico de “70.20.10, Así comenzó todo”, el programa que conduce todos los sábados a las 21 por Canal 13 Chiche Gelblung, recorrió el laberinto de exclusión, pobreza y marginalidad que significa Fuerte Apache.

Es paradójica la historia del barrio “Ejército de Los Andes”, tal el verdadero nombre de este enclave de monoblocks, ubicado a diez cuadras de General Paz, en la localidad bonaerense de Ciudadela. En 1966 comenzó la construcción de este barrio con el afán de erradicar las villas del Gran Buenos Aires; de mejorar la calidad de vida de quienes vivían en ella. 33 años después, parece que nada de esto pasó.

Las 30 pandillas que tienen su asiento en Fuerte Apache, que encuentran en aquel barrio el descanso a los distintos recorridos delictivos que realizan fuera de sus fronteras, y la presencia de la Gendarmería Nacional, que más de una vez juzga a justos por pecadores, hacen de sus días un verdadero calvario. El acostumbramiento de los chicos de la barriada a ver a sus hermanos y vecinos sumergidos en esos hábitos hace que estos no duden en afirmar que, cuando crezcan, quieren ser “chorros”.

No sólo la violencia física y verbal puertas adentro es la que tiene que atravesar los vecinos, presos de unos pocos: “Cruzando la General Paz, no somos gente para nadie”, dice una vecina al equipo de “70.20.10”, que debió enfundarse en un chaleco antibala de 5 kilos y en un casco de guerra, y contar con el acompañamiento de gendarmes, para poder realizar el informe.

Desde 2003, las fronteras y pasillos de Fuerte Apache están fuertemente custodiadas por la permanente presencia de la Gendarmería, en sus calles cae un muerto por semana; en sus 25 torres viven 80 mil personas que pelean a diario con las cloacas tapadas, las paredes que se derrumban, la humedad siempre presente en los baños y las cocinas. Pero, de vender ni hablar, un departamento del “fuerte” vale apenas 47 mil pesos… poco para acceder a una vivienda ubicada a pocos minutos de Capital Federal.

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