De Narváez y sus tatuajes
*El candidato a la Gobernación de la provincia de Buenos Aires tiene dos tatuajes que muestra en reiteradas oportunidades.
*¿Esto le puede traer complicaciones con los creyentes? ¿Qué opinan los líderes de la religión católica y la judía?
Mucha gente usa aros, pulseras y anillos; otros se tiñen el pelo de colores extravagantes; y otros deciden hacerse un tatuaje. Este es el caso del empresario y candidato a gobernador por la Provincia de Buenos Aires, Francisco De Narváez, quien tiene dos tatuajes, uno en el cuello y otro en el brazo.
Según él “uno simboliza la crisis” y lo tiene desde 2001 en su brazo derecho (un hexagrama oriental). El otro es una serpiente de agua y es fácil observarlo ya que se encuentra en su cuello.
Desde el catolicismo apuntan que hoy en día “es una costumbre” pero que “no está bien visto” el uso de marcas en el cuerpo, ya que difiere con la naturaleza de la creación humana. “No está prohibido, actualmente en la Iglesia no hay nada explícito en relación con los tatuajes específicamente”, le dice a minutouno.com el monseñor Luis Rivas, profesor de Teología de la UCA (Universidad Católica Argentina).
“Sin embargo Dios creó al hombre para que sea reflejo de él. Por eso el aprecio por el cuerpo es muy importante, es decir, lo que tenemos en el cuerpo es bueno y por ello hay que conservarlo, cuidarlo. Si se lo daña o mutila está mal”, explica Rivas.
Por su lado, desde la religión judía, la cuestión tiene que ver con una diferenciación histórica: “Es algo establecido en la Biblia. Lo que caracterizaba al mundo pagano de los judíos era justamente que se tatuaban. Por eso hay una prohibición explícita”, le cuenta a minutouno.com el rabino Daniel Goldman de la Comunidad Bet - El.
“La tradición judía insiste en que la gente no se tatúe. No podés hacer con tu vida lo que se te dé la gana, no podés marcarte el cuerpo porque sí. El cuerpo debe ser cuidado”, agrega Goldman.
Ambos coinciden en que lo ideal sería no modificar lo que la naturaleza constituyó y que por ello hay que mantenerse en buen estado. Si bien aclaran que en pleno siglo XXI suena anacrónico prohibirle a alguien el uso de tatuajes, no comparten esta práctica.
“El cuerpo es una usina de santidad: uno se alimenta a través del cuerpo, y eso lo lleva a realizar acciones de vida. Por eso uno debe cuidarlo”, dice el rabino de Bet - El. Por su lado, el profesor de Teología de la UVA concluye en que “el tatuaje le quita lo sagrado al cuerpo humano, lo mismo que ocurre al teñirse el pelo”.
En definitiva, si bien es una decisión individual, no parece ser la mejor estrategia a la hora de hacer política e intentar acoplar a los líderes religiosos al espacio que se intenta representar.
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