La Feria de San Telmo, por su ubicación estratégica y los muchos turistas que la suelen visitar, se convirtió en un tesoro precioso por puesteros que ensancharon sus márgenes y crearon con ello, un conflicto que involucra a los vecinos y a los anticuarios del lugar.
Es que a los puestos habilitados por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se le sumaron muchos otros que no sólo venden artesanías, sino también CD truchos, libros, ropa de fútbol, relojes, anotadores, etc. Que despertaron las quejas que llegaron al gobierno porteño.
La zona en la que estaba enclavada hasta el boom turístico y la reactivación económica era la Plaza Dorrego y cinco cuadras de los alrededores, pero ahora se extendió a 13 más. Un crecimiento que los vecinos señalan como inseguro y creador de suciedad.
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"Hace cuatro años que nos instalamos acá. Estamos organizándonos en asambleas para pedirle al Gobierno que nos de una habilitación. No queremos tener problemas con los vecinos, pero necesitamos trabajar", contó al diario Clarín Eduardo Benítez, uno de los artesanos de la feria ilegal.
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En tanto, Manuel Fernández, presidente de la ONG vecinal República de San Telmo, opinó que "está bien que la gente quiera trabajar, pero acá venden mercadería de procedencia dudosa, el lugar se vuelve inseguro y queda todo sucio. Y tampoco pueden pasar las ambulancias o las personas en silla de ruedas, por ejemplo”.
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Mientras que Juan Carlos Maugeri, de la Asociación de Anticuarios de San Telmo, concluyó que "en cualquier ciudad el Casco Histórico está bien cuidado y ordenado, menos acá. La Comuna tiene que tomar la decisión política de controlar la venta callejera".
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