La producción de energía hidroeléctrica cayó a su menor nivel en 20 años

Las energías renovables significaron el 91,2% de la generación eléctrica en Uruguay, gracias a la importación desde Brasil durante el primer semestre.

El 91,2% de la generación eléctrica en Uruguay fue renovable durante el 2023, a pesar de que, por la sequía histórica que experimentó el país durante la primera parte del año, la producción de energía hidráulica fue la más baja en los últimos 20 años.

El 2023 fue un año complejo en términos de generación de energías renovables para la Administración Nacional de Usinas y Transmisiones Eléctricas del Estado (UTE), que también vio su operativa directamente afectada por la sequía y la crisis del agua que bajó a mínimos históricos los embalses de las represas hidroeléctricas.

Esto se vio reflejado en los balances de la empresa estatal que, a pesar de haber logrado un cierre positivo en términos de utilidades, redujo sus ganancias a la mitad respecto del 2022.

La producción de energía hidráulica cayó un 18%

En cuanto a la generación misma de energía, también se observaron los efectos. Según un informe de SEG Ingeniería en base a datos de UTE, la producción de energía hidráulica fue la menor en 20 años, pasando de los 4.184 GWh generados en 2022 a los 3.431 GWh del 2023. Es decir, un 18% menos.

Asimismo, el aporte a la matriz de generación de este tipo de energía también se vio fuertemente reducido: de significar más del 50% de la energía renovable producida por UTE en 2022, el año pasado cayó hasta ser solo el 32%.

Gran proporción de energías renovables

A pesar del pobre desempeño en términos hidráulicos a partir de la sequía, el 91,2% de la generación eléctrica de UTE fue renovable durante el 2023. Esto fue posible gracias a que la producción de renovables no convencionales se mantuvo estable —con la energía eólica a la cabeza—, y a que la producción de energía térmica se redujo levemente respecto del año anterior.

El último punto, particularmente, responde a la importación de energía que la empresa estatal realizó durante buena parte del primer semestre desde Brasil —por 90 millones de dólares—, con el objetivo de reducir costos: la compra de electricidad al país norteño fue más barato que la adquisición del combustible necesario para mantener encendidas y funcionando las centrales termoeléctricas ante la falta de agua en las represas.

El aumento de demanda en el mercado interno también contribuyó a mantener altos los niveles de energías renovables. Mientras que, en contrapartida, la menor producción de energía hidroeléctrica redujo la capacidad de exportación para UTE, y solo vendió 20 millones de dólares, diez veces menos que en 2022.

Por su parte, la energía eólica representó el 44,5% de la generación de energía renovable, la hidráulica el 32,2%, la biomasa el 10,7%, la térmica el 8,8% y la solar el 3,8%.

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