¿Qué pasa con Airbnb en Uruguay y el resto del mundo?

A principio de año se entregó en el Parlamento uruguayo un proyecto de ley que busca regular las viviendas de uso turístico.

En febrero de este año el Poder Ejecutivo envió al Parlamento un proyecto de ley para regular las viviendas de uso turístico en Uruguay, con el propósito de que la hotelería tradicional pueda hacerle frente a la “competencia desleal” de las plataformas digitales de servicios turísticos, como Airbnb o Booking, pero, ¿Qué pasa en otras partes del mundo?

El proyecto busca regular el alojamiento en viviendas con fines turísticos, así como la administración o explotación de las mismas por sus propietarios o terceros administradores.

En tanto, las medidas a aplicar estarán destinadas a empresas extrahoteleras y “todas aquellas que presten servicios similares a los alojamientos hoteleros registrados, sus titulares o quienes las exploten o administren” y que, a su vez, lo hagan al menos en cinco ocasiones al año y por un tiempo total de más de 90 días.

Entre las regulaciones, se prevé la creación de un nuevo registro donde se incluyan todas las viviendas de este tipo, que además tendrán la obligación de inscribirse como tales ante el gobierno departamental que les corresponda. De esta manera, dejarán de ser viviendas convencionales para convertirse en “empresas extrahoteleras”.

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Discusiones en el Senado

La semana pasada referentes del turismo, como así también anfitriones del famoso sitio web, se reunieron en la Comisión de Industria, Energía, Comercio, Turismo y Servicios de la Cámara de Senadores para discutir sobre el proyecto.

Aníbal López fue uno de los voceros que defendió la actividad de los anfitriones al establecer que la mayoría son personas jubiladas, al igual que el, y que la actividad funciona de complemento. López estableció que esta actividad se diferencia de la hotelera ya que se da un intercambio afectivo y personal, donde se brinda un servicio exclusivo.

Lo mismo estableció otra anfitriona, Silvia Cobelli, quien remarcó que ella también es jubilada y depende de la plataforma para brindarle una factura a los huéspedes que lo demandan debido a que no es una empresa.

La Cámara Uruguay de Turismo también se hizo presente con su presidenta, Marina Cantera, quien estableció que estas plataformas aportaron a que se diversifique el sector turístico pero que es necesaria una regulación en los casos de alojamientos comerciales. “Sin duda, ha crecido la economía formal, pero también la informal. Esa economía informal es la que hoy estamos viendo crecer a un ritmo que realmente se hace ensordecedor para el sector turístico”, remarcó.

“Estamos hablando de alguien que comienza a hacer uso de un bien con habitualidad, con profesionalismo y en la búsqueda de un ingreso para su núcleo familiar, lo que es válido. Pero si se inicia un emprendimiento comercial debe estar amparado por obligaciones y derechos que corresponden a cualquier comercio”, agregó.

Por otro lado, la ex ministra de Turismo y actual senador por el Frente Amplio, Liliam Kechichian, remarcó que el sector siente una competencia desleal frente a estas plataformas. “El tema es la competencia desleal que siente el sector, y lo digo con propiedad porque trabajé mucho con la empresa Airbnb para que aportara a Uruguay. Es cierto que ustedes no son empresarios, pero esa empresa les resuelva desde la factura hasta otra cantidad de cosas, pero lo que no hace es aportarle a Uruguay”, explicó.

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¿Qué pasa en otras partes del mundo?

Según el portal Euronews en diferentes ciudades del mundo existen distintas medidas que intentar paliar los excesivos precios de las viviendas, afectadas por estas plataformas.

En Francia, específicamente en París, se limitan los días de alquiler a 120 días y, en el caso de superarse, deben ser en segundas residencias y convertirse oficialmente en alojamientos turísticos amueblados.

En Alemania, por su parte, en su capital se había prohibido el uso de Airbnb, aunque actualmente se obliga a los anfitriones a tener un permiso para alquilar una propiedad a corto plazo y las estadías no pueden superar los 90 días al año.

En la ciudad inglesa de Londres se limitaron las estadías hasta 90 días al año ya que, de caso contrario, deberían pedir un permiso por su cambio de uso. Esta medida tiene el objetivo de garantizar que los alquileres a corto plazo sean sostenibles y menos perturbadores en la ciudad.

La ciudad estadounidense de New York tendrá una ley que comenzará a regir este mes donde se impondrán estrictas normas de registro, zonificación y mantenimiento a los anfitriones y donde se les demandarán pruebas que demuestran que viven con sus huéspedes.

En Japón, específicamente en Tokio, las normas comenzaron en 2018 y limitan a 180 días al año las estadías y obligan a que el anfitrión viva en la propiedad o tenga una administración dedicada para este fin. Por otro lado, los anfitriones deberán recopilar datos de sus huéspedes para presentar al gobierno.

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