BUSCO MARIDO... URGENTE
“Este chico no es para vos”. “Ese tipo no te conviene”. “¿Cómo te enganchaste con semejante nabo?”. Escuchan una y otra vez de boca de amigas, madres o compañeras de oficina las mujeres que comienzan una relación con un hombre. Por lo general, la primera reacción ante uno y otro comentario es de rechazo. Los momentos iniciáticos de un amor apasionado no admiten críticas ni afirmaciones tan antipáticas.
Sin embargo, a medida que el tiempo hace lo suyo, las advertencias de las supuestas “pájaras de mal agüero” resuenan de otra manera. En la mayoría de los casos, los peores vaticinios se transforman en cruel realidad. Abandonadas, engañadas, despechadas o simplemente decepcionadas, las derrotadas transitan con su maquillaje corrido, caminos que conducen a la misma pregunta. ¿Por qué?
A pesar de la enorme diversidad de casos, la repuesta es la misma para todas: porque las mujeres siempre eligen al hombre equivocado. Sobre este extendido error, común al género femenino, han corrido inútiles ríos de tinta, infinidad de explicaciones y teorías que jamás condujeron a nada (de lo contrario no habría tantas minas solas ni mal acompañadas). Incapaces de interpretar e intelectualizar lo que padecen en carne propia, novias, esposas y amantes frustradas no tenían, hasta este instante, más opción que soportar su trágico destino.
Para empezar a separar la paja del trigo, es fundamental establecer como primera cuestión que el karma de la vida afectiva femenina, poco y nada tiene que ver, ni con una discapacidad de discernimiento, ni con un cortocircuito mental, ni con una confusión ancestral que lleva a las mujeres a construir un retrato robot de un hombre ideal inexistente.
Estas y otras conjeturas ridículas abonadas tanto por serios psicoanalistas como por gurúes especialistas en autoayuda (tipo Coelho o Bucay) son un bleff, un junte de palabras grandilocuentes que suenan sensatas pero que son inconducentes.
Tanta desorientación tiene que ver con el hecho de que la razón madre de los desastres amorosos yace en realidad tan a la vista que, como el sobre del cuento “La carta robada” de Edgar Allan Poe, se tornan invisible a los ojos.
Para desilusión de los teóricos e intelectuales que se deleitan al intelectualizar las pasiones humanas, la realidad indica que la opción por el hombre equivocado es fruto de un sentimiento tan poco glamoroso como indigno de una heroína de telenovela: el terror al fracaso.
De la boca para afuera, las minas se las dan de superadas. No hay nada que disfrute más una mujer (especialmente si ha pasado la frontera de los 30 años y sigue soltera) que alardear de su posibilidad de “no- hombre”, de su capacidad de llevar una existencia plena sin compañero de ruta. Claro que más allá de esta máscara ridícula subyace la impericia amorosa cuyo germen reside en la mencionada pavura al riesgo.
A diferencia del “macho”, para quien el peligro es un incentivo, un desafío o una manera de sentirse más hombre, para la “hembra”, la misma sensación constituye una zona oscura y ominosa que le produce rechazo patológico, algo así como una reacción incontrolable que determina que evite sistemáticamente al varón que le conviene, al galán que amarían sin dudas durante toda su vida por el mero hecho de que es el que más flancos de incertidumbre le ofrece.
“Más vale malo conocido que bueno por conocer”, es el oscuro lema que, de manera silenciosa, se hace ley y carne a medida que pasa el tiempo y la presión social porque el matrimonio o la maternidad apremian. La tacita obligación de proyectar en cualquier “bicho” que camine a un buen padre para sus hijos, o al comprensivo compañero para momentos de enfermedad y zozobra, excluye automáticamente al candidato que gusta pero “no califica” de la mejor manera según el drástico “análisis de riesgo” femenino. Abocadas a la obtención de la libreta de casamiento, sin importar los medios ni el amor, las mujeres pierden rumbo.
Si abandonaran el sendero del cálculo conservador, para retomar algo de lo que comúnmente se apoda “intuición femenina”, habría muchos menos divorcios, separaciones y decepciones amorosas. Con sólo una pizca de audacia y corazón las mujeres podrían comenzar a revertir para siempre esta especie de castigo inexorable que las lleva a elegir al hombre equivocado.
POSTDATA IMPERATIVA
Mujeres: ¡Basta de negarlo! Paren de vociferar que buscan el amor, que se entregan a la pasión sin importar las consecuencias. Dejen de simular que son un clon de las brujas de "Sex the City". No sólo no les cree nadie, sino que tampoco conseguirán un “punto” como la gente, que se banque el ridículo personaje.
Gentileza de Ediciones B / Grupo Zeta
COMENTARIOS
¿Por qué los hombres eligen siempre a la mujer equivocadA, a pesar de las advertencias que hace el entorno cuando conoce a la "candidata" ?
Claudia Bono
Chiche,
Realmente es como lo decís. Esas posmodernas siluetas medio desvencijadas, quedan solas por siempre o por muchos años. Creo que muchas también sólo se casan con el primer punto que más o menos cierre ya que el reloj biológico de ser madre les corre más rápido de lo que uno piensa. La mujer de hoy cree ser autosuficente egocéntrica, y superada.
Ya lo veo en mi ex, que se jacta de eso mismo, pero creo que se muere de envidia que yo tengo una pareja y ella siga pululando cuanto bar lleno de hombres haya por ahí. Creo que muchas de esas mujeres, se sienten dichosas de su estado, pero en silencio, en ese rinconcito, lloran por la soledad y el vacío con que viven.
Vida nueva, y larga vida al rey.
Adrian E. Capelli
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