¿Dónde se enseña a ser padre de una nena del siglo XXI?

NA
Por NA
Mi hija ya tiene 13 años, pero me acuerdo que cuando era bebé, me había costado bastante aprender a sacar y poner pañales. Era una tarea que no estaba en mi ADN. Y además, eran los primeros años noventa, los pañales descartables todavía eran carísimos porque eran un lujo. Pero los de tela no sólo eran portadores de un laburo inhumano (lavar pañales debe ser una de las tareas mas ingratas de la humanidad) sino que además también eran muy caros, porque la industria textil se empezaba a morir en el avance del uno a uno. Por eso, había que desarrollar una “economía del pañal” los mas baratos, para entre casa, los “con alitas” para dormir, los mas fuertes (y mas caros), para salir, etc.

No es una ciudad pensada para hombres con bebés. En primer lugar, hay una resistencia fuerte –tanto en uno como en los demás- a aceptar y ceder el asiento a un hombre con un bebé en brazos. ¿Juega el machismo ahí una carta fuerte? Sin duda. Yo puedo sentirme muy macho y que no me pasa nada, pero si el bondi o el subte pegan un sacudón, no me quiero ni imaginar la escena. Por suerte ésa la aprendí en seguida. Y por suerte, también, es muy usual ahora ver que la gente le cede el asiento a los padres. Mas usual que, digamos 15 años atrás.

Y lo otro que recuerdo es que salir con mi hija solo por la ciudad e intentar cambiarle los pañales en algún lado era una tarea imposible. Los baños de mujeres de los bares o restós siempre tienen una mesada de mármol importante, quizás porque se supone que las mujeres pasan mucho tiempo maquillándose y despliegan toda su carrera armamentista de cremas y pinturas o quizás porque algún arquitecto se dio cuenta que se puede cambiar los pañales de los bebés ahí, nomás. Pero para los hombres, no. Los baños de hombres tienen el mingitorio, una pileta y un par de centímetros de mesada. No, definitivamente, no es una ciudad pensada para padres con hijas.

Todos estos recuerdos me dicen en algún lado que la hermosa relación que tengo con mi hija preadolescente tiene que ver con ellos. Cada pañal que le cambié, cada vez que le di de comer y cada cuento que le conté fueron un escalón que ascendimos juntos en esta vida. Ella, avanzó hacia su adultez disfrutando su niñez. Y yo, me alejé un  poquito mas de nuestros ancestros, los monos y de su división de las tareas según el sexo impresa, esta si, en su ADN.

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