ENVASE CHICO, RIESGOS GRANDES 1

EFE
Por EFE

Para decirlo en términos cinematográficos, los “pendejitos” son  “pobres angelitos”. (Obviamente sin la fama ni la fortuna de Macauly Culkin, el famoso rubiecito que cobró millones de dólares por protagonizar la saga de Hollywood).

Este es un fenómeno que no distingue zonas ni barrios: se da en la Capital, en el Interior, en casas pobres, de clase media y también en los countries más chetos. Centenares de miles de hijos, sobrinos y nietos viven  una película real de abandono y peligro todos los días. Son los pendejos que andan por la casa sin que nadie les preste atención (mientras el adulto a cargo está laburando o mirando televisión o pintándose las uñas), los que se cocinan solos, los que cuando todavía es de noche caminan hasta el colegio sin que nadie los acompañe o los que con menos de diez años cuidan al hermanito menor mientras los padres salen a trabajar.

Aunque se niege, todos ellos quedan expuestos al abandono de persona que, en términos menos pomposos, significa que tienen altas posibilidades de lastimarse. Se podría recurrir a la lectura de las estadísticas (que dicen que el 90% de los accidentes infantiles ocurre en la propia casa, generalmente cuando los niños están solos), pero resulta redundante si se aplicara algo de sentido común: un chico cerca de una hornalla encendida, o con un par de tijeras al alcance de la mano, o con una silla que le permite ir  “escalando” mesadas hasta conseguir alturas inadecuadas, es una víctima en potencia. Sin embargo, llegado el caso, nos horrorizamos cuando vemos en el noticiero los episodios de chicas de entre diez y once años violadas, de chicas atropellados por autos o por colectivos, o de adolescentes que desaparecen de sus hogares. Las autoridades se golpean el pecho, discursean. Los padres lloran. Pero nadie hace nada.

¿Cuántos golpeados, cuantos muertos harán  falta para que se den cuenta de que la situación no da para más? Hace poco tiempo se hizo un relevamiento  sobre el consumo minorista cuyo resultado podría ser confirmado por cualquier kiosquero de barrio: se detectó que en los comercios hay público fijo de chicos que deben enfrentar solos el momento del almuerzo y la cena y que salen al almacén de la zona a buscar sus propias provisiones para cocinar para sí mismos y para sus hermanos menores. Es decir, están solos en la cocina, un ámbito plagado de obstáculos, de peligros, de fuego, ¡de cuchillos! ¿Cómo no se van a lastimar los chiquitos que se  preparan la comida?  

Continuará el próximo lunes.

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