Juzgan a taxi-boy preso, pero por otro crimen

*Miguel Angel Gómez fue condenado en 2004 por el asesinato de una gerente de marketing a la que sedujo por Internet.
*Desde el lunes será juzgado por el crimen de un odontólogo encontrado muerto en la bañera de su casa de Ramos Mejía en 2003.

Télam
Por Télam
Un taxiboy, condenado a prisión perpetua por asesinar a golpes con una mancuerna a una ejecutiva, será juzgado desde mañana por un crimen similar que tuvo como víctima a un odontólogo y que ocurrió un año antes en la localidad bonaerense de Ramos Mejía. 

El imputado, Miguel Angel Gómez, de 27 años, comenzará a ser juzgado por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 4 de La Matanza, en lunes a las 8:30 en los tribunales ubicados en Entre Ríos 2795, de la localidad de San Justo.
 
Los integrantes del tribunal son los jueces Gerardo Gayol, Franco Fiumara y Jorge Multedo, el fiscal de juicio será Miguel Angel Froncillo y Gómez estará asistido por un defensor oficial.
 
El acusado cumple desde diciembre de 2004 una condena a prisión perpetua por haber asesinado a Verónica Tomini, una gerente de marketing a la que sedujo por internet y a la que asesinó el 20 de agosto de 2003.
 
El hecho ocurrió en un departamento que la joven tenía en el barrio de Palermo, donde el homicida le aplicó 18 golpes en el rostro y la cabeza con una pesa de hierro de dos kilos para hacer gimnasia.
 
Gracias a la investigación del caso Tomini en Capital Federal por la que Gómez fue detenido y luego condenado, se pudo reabrir la pesquisa por el crimen del odontólogo y concertista de órgano Carlos Miguel Aisen, por el que ahora será juzgado.
 
Aisen, de 41 años, fue asesinado la madrugada del 6 de diciembre de 2002 en su casa de Colón 451, de Ramos Mejía.

Su cadáver fue encontrado flotando en la pileta desnudo y con el calzoncillo bajo.
 
La autopsia reveló que la víctima había mantenido relaciones sexuales con un hombre y que fue asesinada de al menos siete golpes en la cabeza con un elemento contundente cuando estaba reclinado sobre un piano de su casa.

El asesino huyó con el auto de Aisen y robó unos cuatro mil euros que la víctima iba a utilizar para viajar al día siguiente a España -donde tenía un centro odontológico- una laptop, un par de teclados, un amplificador, equipos de grabación, una filmadora, una cámara de fotos, su billetera con tarjetas, una cadena de oro y una pistola calibre 22.
                                
Una de las claves que relacionó el crimen de Tomini con el de Aisen fue que en un allanamiento realizado en la casa de la madre de Gómez por el crimen de la gerente de marketing, la policía encontró un bate de béisbol que se sospecha podría ser el que el asesino se robó de la casa y el utilizado para matarlo.
 
Gómez ya estaba en la mira de los investigadores del caso Aisen porque había sido pareja del odontólogo y incluso había convivido con él.
 
Salvo el bate, que será exhibido en el juicio para que amigos de Aisen revelen si es o no el que faltó de la casa, ninguno de los otros elementos fueron secuestrados en poder del imputado.
 
Gómez llegó a juicio acusado de homicidio "criminis causa", es decir, matar para ocultar otro delito, en este caso, el robo, y que es la carátula por la que fue condenado a prisión perpetua por el crimen de Tomini.

Una de las pruebas contra el imputado es que dos horas antes del crimen Aisen recibió en su domicilio una llamada de un teléfono semi público de Capital cercano al domicilio de Gómez y que testigos de esa llamada dijeron que el odontólogo iba a recibir la visita del taxiboy.
 
Si bien se encontró semen en un hisopado realizado a la víctima, nunca se pudo determinar el ADN de la persona que mantuvo relaciones con el odontólogo porque la muestra no fue debidamente preservada.

Si bien la evidencia contra Gómez no es tan concluyente en este crimen como lo fue en el caso Tomini, ambos hechos guardan grandes similitudes.

En los dos casos, el asesino mantuvo relaciones sexuales previas con su víctima -en el departamento de Tomini se halló un profiláctico con el semen de Gómez-, los asesinatos se produjeron a golpes en la cabeza con un elemento deportivo que desapareció de la escena del crimen -mancuerna y supuestamente el bate-, y el asesino robó dinero -en lo de la gerenta de marketing faltaron $ 10 mil-.

Por estas coincidencias, el juez porteño del caso Tomini, Gustavo Karam, y el fiscal de La Matanza que instruyó la causa Aisen, Claudio Polero, cruzaron la información que terminó con Gómez imputado en ambos crímenes.

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