La explosión de Río Tercero

*El 3 de noviembre de 1995, una explosión destruye totalmente la Fábrica Militar de Rio Tercero en la provincia de Cordoba , mueren siete personas y hay 300 heridos , gran parte de las viviendas de la ciudad quedan dañadas.
*Por Julieta Castaño.

Aquella mañana estaba en la cocina preparando mi desayuno, en un rato pasarían a buscarme mis amigas para ir al club donde practicaba gimnasia deportiva. Sin embargo en menos de unos minutos todo cambió.


Tenía apenas 13 años y estábamos solos con mis hermanos en casa, aunque ellos estaban durmiendo. Mis padres estaban trabajando.


En el instante en que sucedió todo, mi casa estaba completamente cerrada, ya que evitábamos abrir las ventanas por la mañana,  para que el sol no calentara tanto dado que por ese mes el calor era muy intenso.


Y ahí estaba yo mirando tele, tomando mi desayuno… esperando… Hasta que sucedió lo impensable, por lo menos para mi.


Eran las 9.05 cuando empecé a sentir como una especie de temblor, como si debajo del suelo un volcán empezara a bullir. En ese momento pensé que era el fin del mudo… y en menos de un segundo se escuchó un ruido fuerte y una honda expansiva que iluminó mi casa por completo… las ventanas se abrieron de par en par, los vidrios estallaron y las puertas se salieron de sus lugares. Quedé al descubierto, como si estuviese parada en una obra en construcción. No entendía nada… intente pensar en una respuesta a todo eso pero no tuve mucho tiempo… Mis hermanos se despertaron y empezaron a entrar a casa chicos del colegio que se encontraba enfrente de casa. Algunos ensangrentados pedían agua para lavarse la cara, otros pedían el teléfono para hacer un llamado pero no tuvieron suerte las líneas estaban muertas.


Entonces me dije a mi misa: “seguro que fue una bomba en el colegio”… Que ingenua….
Cuando comprendimos que se trataba de “otra cosa” emprendimos lo huida junto con mi papá que en ese momento se llegó hasta casa para ver como estábamos. Y puedo decir que yo tuve suerte… porque mucha gente como mis hermanos, que escaparon con mi tío en una moto,  vieron caer las esquirlas y en algunas ocasiones tuvieron que tirarse al suelo para evitar que los alcanzaran.
Peor ahí no terminó todo, después llegó lo peor: la desesperación por saber si todos los conocidos o amigos estaban bien. En la radio se escuchaba gente buscando familiares de los que no se sabía nada.


Pero, sin duda que a medida que pasaba el tiempo y empezábamos a tener conciencia real de lo que había sucedido el miedo más nos atormentaba. Mientras tanto el “señor” presidente de aquel entonces se encargaba de decirle a los periodistas que dijeran que se trataba de un accidente.


Un accidente que no solo le costó la vida a siete personas en ese día, sino que dejó a muchas personas con secuelas físicas y psicológicas (hasta el día de hoy un ruido fuerte hace que reaccione de una manera para muchos exagerada) y peor aún los testigos claves de aquel “accidente” murieron de a poco en circunstancias extrañas.


Pero que quede claro “todo fue un accidente”

Hoy tengo 25 años y a medida que más me informo, averiguo y comprendo, más crece en mí la bronca, la impotencia y el miedo de saber que en este país hacer desparecer una ciudad en segundos estuvo, en algún momento, en los planes de quién debía cuidar de los argentinos…
 
Julieta Castaño

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