Maquillan y almuerzan con su madre congelada desde hace 10 años

Las formas de recordar a los muertos cambian según la cultura. Los antiguos egipcios enterraban a los suyos en tumbas selladas en medio del desierto, rodeados de tesoros destinados a enriquecer el viaje final.


 


Los judíos no llevan flores a los que partieron, sino que los recuerdan colocando pequeñas piedras, lustrosas y limpias, encima de sus lápidas, para “decirles” que no fueron olvidados.


 


Las culturas prehispánicas momificaban a los suyos y los rodeaban de maíz y raciones de comida, para que no sufrieran hambre en esa travesía en la que son pasajeros únicos y solitarios.


 


Pero las hermanas Josephine y Valmai Lamas, de Londres, Reino Unido, eligieron una forma un poco ortodoxa de venerar a su madre, que murió hace diez años. Congelarla.


                                                                                                                              


Resulta que en lugar de ponerla en una tumba del Sahara, colocarle una lápida de piedra en un cementerio lleno de flores o poner un homenaje en alguna iglesia medieval, decidieron congelarla en una agencia funeraria.


 


Todos sábados a la hora del almuerzo, Valmai se sienta junto al cadáver, mientras que Josephine -o Josie como le dicen sus amigos y familiares- se encarga de maquillarla.


 


El problema es que el embalsamamiento inicial, que seguramente les permitió pensar que su madre estaba profundamente dormida, se empezó a disolver y, de la cintura para abajo, ya es un esqueleto.


 


La parte superior del cuerpo empezó a deteriorarse a tal punto que el rostro está cubierto de un pergamino arrugado y fino que alguna vez fue piel.


 


Algunos familiares de las hermanas Lamas empezaron a alarmarse con la curiosa lealtad de las dos hijas, que no ven nada de malo en visitar a la madre muerta.


 


Primos y sobrinos opinan que ya es suficiente. Pero negocios son negocios y los dueños de la agencia funeraria dicen que, mientras que sigan pagando los US$ 40 mensuales que abonan por el alquiler del congelador y en tanto el cadáver no viole ninguna ley sanitaria, van a seguir ofreciendo tan inusual servicio.


 


Un familiar sostiene, asustado, que "Josie le pidió a la agencia que mantuviera a su madre congelada hasta que decidieran enterrarla, el problema es que ya a pasado una década de eso".

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