Para Javier Milei es "una pelotudez" la crisis económica: "Si no llegan a fin de mes, ¿cómo viven sin comer?"
El Presidente incurrió en una chicana literalista para minimizar el impacto de la crisis económica y negar la pérdida del poder adquisitivo de los argentinos.
Para Javier Milei es "una pelotudez" la crisis económica
Durante su exposición en Argentina Oil & Gas Expo 2026 en Neuquén —un ámbito natural de euforia para el sector energético por el potencial Vaca Muerta—, el presidente Javier Milei optó por dejar de lado el tono técnico de la cumbre hidrocarburífera para ensayar una andanada de descalificaciones contra la oposición, los medios de comunicación y las mediciones socioeconómicas tradicionales.
En su afán por desacreditar la consigna de que amplios sectores sociales sufren para completar el mes, el mandatario apeló a una falacia simplista y a un nivel de argumentación impropio de la más alta investidura institucional.
Con su habitual desparpajo discursivo, el jefe de Estado intentó refutar una realidad inocultable mediante una chicana literalista. "Si se quedan sin plata verdaderamente al día 20, ¿me pueden decir cómo hacen para vivir 10 días sin comer y sin beber? (…) La frase suena linda pero es una pelotudez del tamaño de una casa", disparó desde el atril, descalificando de plano la noción de que millones de argentinos padecen penurias económicas severas.
La distancia entre el relato oficial de Javier Milei y la cruda realidad social
Reducir la consigna de que "no se llega a fin de mes" a una imposibilidad biológica de subsistencia —asumiendo que quien no tiene ingresos documentados se extingue físicamente— no solo revela una alarmante insensibilidad ante el sufrimiento social, sino una profunda manipulación conceptual.
Cualquier economista, sociólogo o simple ciudadano sabe perfectamente qué significa en la Argentina actual "no llegar a fin de mes": implica endeudarse a tasas usurarias con la tarjeta de crédito para poder comprar alimentos básicos; significa postergar la compra de medicamentos recetados o suprimir tratamientos médicos; comprende dejar de pagar servicios esenciales, achicar las porciones de comida o recurrir de manera sistemática a la ayuda familiar, la solidaridad barrial y los comedores comunitarios.
Ninguno de estos flagelos implica que el ciudadano en cuestión "deje de comer mágicamente", sino que sobrevive a costa de descapitalizarse por completo, acumular deudas impagables y degradar de manera drástica su calidad de vida y la de su familia.
Despachar las advertencias sobre la pobreza y la caída del poder adquisitivo como una simple "operación de prensa" o un eslogan político no borra los datos duros que arrojan de manera sistemática los centros de estudio, las consultoras privadas y las propias mediciones oficiales.
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