Cromañón: Omar Chabán, el empresario que odiaba al público

Sociedad


  • Fue un personaje víctima de sus propias contradicciones.
  • Está condenado de por vida, más allá de lo que se le dicte como condena en el juicio oral.

Un músico que lo conoció de los años 80, le fotografió el alma con una expresión categórica: “Era un empresario que vivía del público pero a la vez lo odiaba”. También odiaba cierta forma de poder pero convivía con él. Por caso: Omar Chabán le ayudó al gobierno de Aníbal Ibarra a seleccionar los grupos que tocaron durante las maratónicas jornadas que se llamaron “Buenos Aires no duerme”.
 
Pocos conocían el ambiente del rock en sus diferentes facetas como el dueño de “Cemento” y nadie mejor que él para colaborar con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en la provisión de bandas que aguantasen para estar un día entero sin parar ofreciendo recitales en la Capital Federal.

Más que un amigo del poder, Chabán resultó un buen conocido de las autoridades porteñas. Y también de organismos de derechos humanos que le solicitaban las instalaciones de “Cemento” para pequeños mitines políticos.  El gerenciador rockero se los ofrecía sin cargo, sin cobrarles ni siquiera gastos propios del uso del local y nunca les pedía nada a cuenta.

Pero cuando Cromañón estaba en su apogeo, los dueños de otros locales de similar característica notaron una extraña versatilidad de los controles municipales para clausurarlos antes de los fines de semana, impidiéndoles que concretaran recitales que finalmente solo se ofrecían en Cromañón.
 
Mientras las autoridades porteñas clausuraban, durante el 2004, locales como “El Hangar” y “Marquee”, el salón de Omar Chaban se convertía en la única alternativa para grupos de rock alternativo.

Omar Chabán, lo dice mucha gente en voz baja alrededor del mundo rockero, no pagaba coimas por mantener abierto Cromañón.  Era considerado amigo del poder, o colaborador de él, y por lo tanto se le otorgaba esa protección inhertente a los privilegiados.

Otro detalle hasta hoy desconocido que pinta el extraño “Planeta Chabán”. Mientras por un lado negaba invertir algún dinero en mejorar las condiciones de seguridad de sus locales, por otro lado dedicaba parte de sus ganancias en ayudar a sostener comedores escolares. Una cabal muestra de lo que dijo el músico: Chabán odiaba al público.

El juez Alberto Baños citó a declaración testimonial al autor de este informe, a raíz de otros artículos publicados en minutouno.com.  Cuando el magistrado preguntó al periodista si conocía la identidad de quién arrojó la mortal bengala (o candela, o como se llame en los ámbitos de la pirotecnia), se le respondió quien tenía sobre sus espaldas experiencia en conciertos masivos (haber estado en más de cien presentaciones de Los Redonditos de Ricota entre 1985 y 2001 otorgan alguna experiencia y conocimiento de la ideoscincracia del público concurrente a estos eventos): “El pibe que juega con una bengala no tiene conciencia de lo que está haciendo.... hay que buscar a quien permitió que la pirotecnia ingresase al lugar cerrado... y a los funcionarios que sabiendo que ello ocurría no se hicieron cargo de sus responsabilidades”, le respondió el testigo al magistrado.

El Fiscal de Instrucción Juan Manuel Sansone se lanzó hace tiempo en el pedido de que se citara a declarar a Susana de Fontanet, madre del líder de Callejeros, Patricio Santos Fontanet. Según el investigador, hay testimonios de chicos presentes el día de la tragedia que señalan a la progenitora del líder de la banda como quien ingresó y distribuyó la pirotecnia fatal hace ya tres años.

Fuentes judiciales afirmaron a minutouno.com que la justicia citó a Susana de Fontanet, quien no se habría presentado a la primera declaración y seguramente después de la feria judicial volverá a ser llamada a los estrados de Tribunales.

Nadie le devuelve la vida a los pibes muertos, ni les restaura el alma a sus familiares que nunca dejaran de llorarlos.  Chaban, el empresario que odiaba al público, está condenado de por vida más allá de lo que se le dicte como condena en el juicio oral. Los Callejeros tendrán o no responsabilidad según se desprenda de su juzgamiento... Pero que nadie en el gobierno porteño se haga carga de su cuota de responsabilidad es algo que indigna al sentido común de cualquier ciudadano.

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