Creció la actividad económica, ¿pueden mantenerse los resultados durante el año?

La economía dejó atrás la recesión, pero los buenos resultados del primer trimestre abren el interrogante sobre qué se puede esperar para el resto del 2023.

La economía de Uruguay parece haber dejado atrás la recesión técnica en la que comenzó el 2023, marcada fuertemente por la sequía que ya se ha convertido en un evento histórico y sin precedentes en el país: con el crecimiento del 1,2% del Producto Bruto Interno (PBI) que experimentó la actividad económica durante el primer trimestre en términos interanuales, ¿qué puede esperarse para el resto del año?

El PBI aumentó 0,9% en el primer trimestre en el cálculo desestacionalizado, al compararse con el final de 2022, según los datos oficiales del Banco Central del Uruguay (BCU). En relación con el mismo período del año pasado, el crecimiento de la economía fue del 1,2%, y mostró avances en casi todos los sectores.

La noticia fue casi sorpresiva, considerando que para este año se proyecta desde el gobierno y desde los organismos internacionales una desaceleración de la actividad económica en el país —llegando a un crecimiento que no superará el 2% del PBI—, debido a la sequía extrema que afectó fuertemente al sector agroexportador —cuyo impacto se sentirá más aún debido al año récord de exportaciones que hay como referencia directa.

Para el economista e investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), Ignacio Umpierrez, el crecimiento “se sustentó en un alto dinamismo de las exportaciones de bienes y servicios (turismo y no tradicionales) medidos en volumen”. En este sentido, el mayor aporte al crecimiento interanual lo hizo el sector de Información y Telecomunicaciones —que incluye logística— que aumentó 5,6% interanual, aportando medio punto al crecimiento total; seguido por el sector comercial —que incluye restaurantes y hoteles—, con un aumento del 3,4%, dando cuenta del mejor desempeño de la temporada turística.

“En términos desestacionalizados, el crecimiento fue 0,9% respecto al trimestre previo. De este modo, la economía dejó atrás la fase contractiva que experimentó en el segundo semestre de 2022, donde recogió (dada la forma de cálculo) el impacto directo más grande por la sequía”, explicó Umpierrez a Ámbito.com.

Las mejoras también se sintieron en el consumo y en la inversión. “Según estimaciones del CED, en términos desestacionalizados el consumo privado presentó un incremento de 0,3% respecto al trimestre previo; mientras que la inversión (FBKF) habría aumentado 1,8%”, señaló el economista. Asimismo, “desde el punto de vista sectorial, la mayoría de los sectores presentaron expansiones desestacionalizadas respecto al trimestre previo, luego de un magro segundo semestre de 2022 en general”.

¿Qué puede esperarse para lo que queda del año?

Según Umpierrez, “en el segundo trimestre de 2023, la economía recogerá otra parte del efecto directo de la sequía sobre las exportaciones y el consumo asociado a servicios del agro”. Esto estaría en línea con el pronóstico difundido por la ministra de Economía y Finanzas (MEF), Azucena Arbeleche, sobre que el crecimiento caerá 3 puntos respecto del año pasado debido a las pérdidas del sector agroexportador.

Sin embargo, para el investigador del CED el panorama tampoco es tan negativo: “Hacia el segundo semestre, la dinámica continuaría mejorando una vez se revierta el shock de oferta de la sequía, se incorpore el efecto de las exportaciones de celulosa de UPM 2 y se dé cierta normalización de la demanda global, en particular desde China”. A esto se le sumaría el efecto positivo en economías emergentes como la uruguaya del escenario global, particularmente de Estados Unidos, signado por la baja de la inflación y el crecimiento de la actividad.

En este sentido, para Umpierrez “el dato del PBI presenta señales positivas al inicio del año, reafirmando la idea de que ‘2022 no fue tan bueno, ni 2023 será tan malo’, y que así como la dinámica del crecimiento para 2022 fue de 'más a menos', en 2023-24 sería de 'menos a más'".

Este escenario de crecimiento estaría sustentado por un consumo privado más dinámico dada las mejoras en el mercado laboral, la recuperación del salario real, la debilidad del tipo de cambio y la brecha de precios relativos con Argentina. “Por su parte, la inversión a nivel agregado sufrirá el impacto del fin de UPM 2 y el Ferrocarril Central, pero hay insumos sugerentes con que ésta mantenga su dinamismo dado los incentivos en el rubro inmobiliarios, los proyectos COMAP y la ley de inversiones”, añadió el economista. “En cuanto al sector externo, las señales son mixtas: por un lado, una recuperación del turismo receptivo y el dinamismo del sector de servicios no tradicionales, y por otro lado, las exportaciones de bienes agrícolas afectadas por la sequía, cierta disminución de los precios internacionales y de la demanda china”, concluyó.

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