Armamentismo chavista

*Tras haber adquirido tanques, radares, buques de guerra, fusiles y aviones cazabombarderos, Venezuela triplica ahora su flota de submarinos.
*El silencio de los demás gobiernos frente a la desenfrenada militarización que amenaza con desatar una carrera armamentista en Latinoamérica.

 Si “contener” a Hugo Chávez significa cumplir el mandado norteamericano de limitar la incontinencia verbal del exuberante líder caribeño, y aconsejarle fórmulas menos izquierdistas de gobierno, entonces se trata de un rol servil y poco edificante que el presidente Néstor Kirchner tiene razón al rechazar.

Pero si “contener” a Chávez significa procurar que ponga fin al desmesurado crecimiento del poder militar venezolano; entonces se trata de una responsabilidad que los líderes sudamericanos deben asumir sin que se lo pidan desde Washington, para evitar que el desenfreno militarista del “comandante de Caracas” desate una carrera armamentista en la región.


"Contener" a Chávez puede significar contener su incontinencia verbal  o su carrera armamentista, lo cual plantea escenarios muy diferentes.

La re-militarización

El paso de la dictadura a la democracia implicó en Latinoamérica el paso de las “fronteras calientes” a las fronteras de contacto, o sea de las relaciones de confrontación a las de armonía y entendimiento. Democratizado el subcontinente, las tensiones fronterizas disminuyeron drásticamente, auque hubo excepciones que confirman la regla, como la descabellada guerra de la Cordillera del Cóndor entre Ecuador y Perú.


 


En esta nueva realidad, todos los países recortaron sus presupuestos militares para destinar más fondos, por ejemplo, a políticas sociales. También Chile hizo ese recorte, aunque sus compras de armamentos continuaron notablemente por encima de la media regional.


En los últimos años, el rearme más significativo lo emprendió Bogotá con el llamado “Plan Colombia” que financia Estados Unidos. Sin embargo, por cuestionable que sea este plan, sus razones están a la vista: la guerra contra las guerrillas ELN en la región bananera del Urabá, y FARC en las selvas del Caquetá, y contra el poder del narcotráfico.


A pesar de que en el paso de la dictadura a la democracia los países recortaron el presupuesto militar, en los últimos años Bogotá se armó para el Plan Colombia y a lo largo de esta década Chávez se abasteció ampliamente.    

De todos modos, que el gobierno colombiano enfrente un conflicto interno desde mediados del siglo pasado no implica que sus turbias relaciones con el paramilitarismo y su militarizada relación con Estados Unidos no merezcan despertar preocupación en el área. Pero mucho menos explicable es el incremento permanente del poder militar venezolano.



En lo que va de esta década, Chávez ha comprado tanques y fusiles Kalashnikov a Rusia, buques de guerra y fragatas misilísticas a España, además de aviones de caza y misiles aire tierra en cantidades preocupantes.


Rebasando todo límite, Caracas acaba de adquirir una dotación de submarinos que coloca a Venezuela por encima de Chile y del mismísimo Brasil en ese rubro.
La primera explicación es que Hugo Rafael Chávez Frías es, en definitiva, un militar cuyo nombre saltó a la fama por haber liderado una rebelión golpista que dejó decenas de muertos.



Antes de encabezar aquella asonada contra el entonces presidente socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, Chávez fue un joven oficial que militaba en el ala nacionalista del ejército, que en sus panfletos y pronunciamientos denunciaba a la clase política del sistema bipartidista por procurar la entrega a Colombia de las aguas del Golfo de Venezuela que están en litigio, así como también la Isla de los Monjes y su plataforma petrolera, abriendo a la proyección colombiana las puertas del lago Maracaibo.


Desde estas denuncias geopolíticas, la joven oficialidad nacionalista reclamaba a los gobiernos el incremento del presupuesto militar.
Además, el molde castrense de su razonamiento político se ve con claridad en el permanente incremento de oficiales del ejército en la estructura del Estado y del poder político; así como también en su forma de plantear y entender la integración regional.


 


No hay que olvidar que Chávez fue un joven oficial del ala nacionalista del ejército, que pedía al gobierno el incremento del presupuesto militar.    

Como ejemplo, basta recordar que en el acto de incorporación de Venezuela al MERCOSUR, el líder caribeño incurrió en el absurdo de proponer la conformación de un ejército común.
A esta altura de su exitosa integración, Europa todavía no ha abordado la cuestión militar, mientras que Chávez debutó en el MERCOSUR proponiendo militarizarlo.


Proyección militar

En otro aspecto de la proyección militar chavista, desde el año pasado oficiales y suboficiales del ejército venezolano se han instalado en Bolivia sin que estén claras la razón y el objetivo de esta inquietante presencia., que preocupa por tratarse de un país donde el gobierno de Evo Morales tolera la existencia de organizaciones paramilitares, y donde por momentos se insinúa el riesgo de un conflicto de secesión entre el Altiplano y la región conocida como “la medialuna próspera”.


Este tipo de sombrías acciones acrecientan la significación preocupante que tiene el armamentismo de Venezuela, país donde también se están creando milicias populares.
La justificación que ha dado Chávez desde que inició la compra de armamentos más grande de Latinoamérica, es el también desenfrenado armamentismo de su vecino a través del Plan Colombia, y la existencia de un supuesto plan norteamericano para invadir Venezuela y apropiarse de sus reservas yacimientos petrolíferos.


 


Tan preocupante como la compra desmesurada de armas es la falta de debate intergubernamental sobre el tema.     

Pero tan preocupante como la obsesión chavista por comprar fusiles, cazabombarderos, buques, radares, tanques y ahora submarinos, es la ausencia de un debate intergubernamental al respecto.



Que los gobernantes del área intenten “contener” el peligro de una carrera armamentista en la región no es actuar como serviles mandaderos de Washington, sino como líderes responsables.

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