Autoconcepto: un factor determinante en los trastornos alimentarios de los adolescentes 

*La anorexia y la bulimia se dan, fundamentalmente, en esta etapa de la vida.
*Y las características que más tienen que ver con los trastornos alimentarios en los adolescentes son el autoconcepto, el perfeccionismo, la ansiedad y la desconfianza interpersonal.

El experto en adolescencia y trastornos alimentarios, Alfredo Goño Grandmontagne, catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad del País Vasco, fue entrevistado en exclusiva por la Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC) y durante la entrevista afirmó:


 


“Muchas personas no están a gusto con su cuerpo. Esto tiene directamente que ver con el hecho de que en nuestra sociedad impera el ideal corporal de la delgadez asociada al éxito, a la belleza, al autocontrol y a otras cualidades positivas. Los medios de comunicación difunden persistentemente este modelo. Pero –agregó Goño Grandmontagne -  el modelo es prácticamente imposible de alcanzar y, cuando la gente compara la imagen corporal propia con el ideal interiorizado, surgen fácilmente sentimientos de insatisfacción corporal y personal, de ansiedad  y una necesidad compulsiva de cambio físico. De ahí a la aparición de trastornos de conducta alimentaria no hay a veces más que un corto trecho. La gente recurre, entonces, a métodos tales como inanición, purgas mediante vómitos, diuréticos o laxantes, ejercicio físico compulsivo o desgaste de zonas corporales concretas que, como sucede en el caso de la anorexia y la bulimia, ponen en grave peligro la salud física y psicológica.”



Siempre en torno a la insatisfacción corporal, el catedrático argumentó: “Los medios de comunicación no son, con todo, los únicos factores etiológicos de las patologías alimentarias, a ellos hay que sumar los comentarios de los otros significativos, como familiares, amigos, la insatisfacción de la madre con su propio cuerpo, las costumbres familiares en la alimentación, o la práctica de deportes que requieren un cuerpo extremadamente delgado: gimnasia rítmica y atletismo, entre otras. La exposición a todos estos factores hace que la patología, una vez instaurada, tienda a mantenerse. La dificultad de librarse de estas influencias de naturaleza sociocultural es precisamente la que explica el aumento de la prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria.”

Al ser interrogado sobre cuál es la población principalmente afectada y si ha variado su composición, respondió que el porcentaje de población general afectado por anorexia oscila, de unos estudios a otros, entre el 0.2 y el 0.8, pero la cifra sube hasta el 1.3 si se toma en cuenta sólo la población femenina adolescente.



Respecto a la bulimia señaló que es la patología sobre la que se dispone de datos menos precisos y que se sitúa entre el 1.13% y el 1.20%, predominando entre las jóvenes adolescentes.


“Se hace necesario resaltar que, aunque la anorexia y la bulimia son patologías típicamente femeninas en una proporción de 9 a 1 en relación con los hombres, se está observando en los últimos años un aumento de la incidencia de estos trastornos entre la población masculina. Por otra parte, este tipo de patologías, muy propias de las sociedades occidentales industrializadas, se empieza a dejar notar también en la población inmigrante. En cuanto a la clase social, aun cuando en un principio afectó de forma predominante los estratos sociales medios-altos, actualmente se comprueba una incidencia similar en todas las clases sociales. Lo cierto es que la incidencia de las patologías alimentarias es creciente y se hace necesaria su detección precoz”, planteó el especialista.

Goño Grandmontagne explicó que el autoconcepto es el rasgo de personalidad que mayor relación mantiene con estos trastornos. Sin embargo, está muy documentada la relación que guardan con otras características como el perfeccionismo, el miedo a madurar, la ansiedad y la desconfianza interpersonal.



“El perfeccionismo se asocia con la insatisfacción corporal, ya que induce a ser y tener todo perfecto, incluso el cuerpo. La ansiedad siempre está presente en los adolescentes con alta insatisfacción corporal, derivada del rechazo a su cuerpo y de la búsqueda del cuerpo ideal. En cuanto al vínculo entre el miedo a madurar y la insatisfacción corporal no es tan evidente como inicialmente se pensó y se han encontrado resultados contradictorios. Tampoco se confirma en todos los estudios que las personas que tienen un autoconcepto físico negativo, presenten más dificultades en sus relaciones con los demás.Como conclusión, podemos decir que la asociación entre los factores de personalidad y la insatisfacción corporal no es bien conocida en todos sus extremos, a pesar de su indudable relevancia”, expresó el especialista.

A continuación se refirió a la dificultad para distinguir entre los indicadores de riesgo de patología alimentaría y los indicadores de hábitos normales en el cuidado del aspecto físico, “ya que ambos –manifestó- están estrechamente relacionados y la línea que separa unos de otros es muy sutil.
“Los factores generales que habitualmente se citan como posibles indicios de un trastorno de la conducta alimentaria son los siguientes: sexo femenino, adolescencia y preadolescencia, antecedentes personales y familiares de obesidad, hábitos alimentarios personales y familiares, práctica de determinados deportes o actividades (ballet, gimnasia), acontecimientos vitales estresantes en los dos últimos años, conflictividad familiar, conflictividad en la integración escolar o en las relaciones interpersonales, mala información nutricional, bajo autoconcepto y poca asertividad. Sin embargo, es la insatisfacción corporal la que se ha revelado como el único predictor fiable, por lo que un índice bajo de autoconcepto físico puede utilizarse como síntoma no desdeñable de un posible trastorno alimentario”, explicó.

 El catedrático mencionó la investigación que él condujo, orientada a refrendar la asociación entre el autoconcepto físico y la práctica deportiva y entre esta última y los trastornos de conducta alimentaria. En este aspecto, explicó que “la asociación se complementa y se explica al existir una relación inversa entre autoconcepto físico positivo y el riesgo de padecer los trastornos de conducta alimentaria. En definitiva, puede concluirse que el deporte practicado de forma habitual mejora el autoconcepto físico, lo que redunda en menor insatisfacción corporal y ,por lo tanto, en menor riesgo de desarrollar anorexia o bulimia. No obstante, está también perfectamente comprobado que no toda práctica deportiva produce tales efectos positivos; aun más, determinadas prácticas deportivas pueden interpretarse como un síntoma de posibles problemas psicosomáticos.”

Sobre la actividad física, abundó en más detalles: “El efecto del ejercicio físico sobre la imagen corporal y el autoconcepto físico es muy importante, pero necesita ser explicado adecuadamente. Al parecer, un nivel moderado de actividad deportiva realizada de forma sistemática ayuda a prevenir los trastornos alimentarios, ya que el ejercicio físico procura un mejor cuerpo, con lo cual la insatisfacción corporal es menor, así como la impulsividad por adelgazar. Pero la línea que separa el ejercicio físico saludable del realizado por obsesión es muy delgada; en numerosas ocasiones la práctica deportiva está relacionada con la insatisfacción corporal y se convierte en un intento de controlar el peso y de reducir dicha insatisfacción. Asimismo, y más específicamente, en los trastornos de la conducta alimentaria ya diagnosticados, la práctica clínica afirma que resulta conveniente realizar deporte habitualmente en los trastornos bulímicos, aunque no siempre es adecuado hacerlo en los trastornos anoréxicos”.

Generalmente, antes de desarrollar anorexia o bulimia, la persona ha realizado numerosas dietas, por lo que hay que prestar atención a este aspecto, especialmente cuando las dietas son muy restrictivas. Además suelen ser personas ‘expertas’ en alimentación y contenidos calóricos. También deberá considerarse si la persona despliega una elevada actividad física o si se ejercita en el desgaste de zonas corporales, como las caderas, nalgas o muslos); indagar los hábitos de alimentación propios y de la familia; el tiempo dedicado a cada comida, si come de pie o sentado, cantidad de alimentos ingeridos; el tiempo de exposición a mensajes relacionados con el ideal de delgadez, las cogniciones y conductas familiares respecto del sobrepeso o la presencia de perfeccionismo en la personalidad del sujeto que se está evaluando. Al médico general puede resultarle muy valiosa la información procedente del contexto social: familia y amistades o escolar, en el caso de adolescentes y jóvenes”, planteó Goño Grandmontagne

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