Belsunce y Dalmasso: del expediente policial a un libro sobre countries 

* Se trata del libro "Historias de Countries" que reúne textos publicados originalmente por minutouno.com en formato de blog.
* En él, Jorge Kersman incorpora, con una cuota de humor y de ingenio, textos difundidos en este diario digital y otros inéditos.
* Aquí, el adelanto de uno de ellos.

Télam
Por Télam

Dalmasso, Belsunce, Criguera, la triste verdad


 


La carta, que llegó a mi puerta sin sello, membrete ni marcas especiales, venía dirigida a Don Santiago Ordoñez Zemborain. No tenía remitente, estaba impresa en papel A4 y constaba de dos páginas.

Hacía tanto que no recibía una “carta” en este tiempo de e-mails que la tomé con curiosidad como quien levanta un cangrejo en la arena, interesado pero cauto.

¿“Que no se pudo hallar al culpable del asesinato de Maria Marta Belsunce? ¿Y qué esperaban? ¿Una víctima propiciatoria, algún pobre tipo que cargara con la culpa?

El resultado del juicio es el que cabía esperar: Nada.

También resultará “abierta” la culpa cuando y si es que alguien va a juicio por la muerte de Nora Dalmasso.

Ese también fue el destino de la causa abierta tras el delicadamente salvaje asesinato de Elena Criguera. La víctima fue enterrada rápidamente. La investigación judicial permanece abierta formalmente pero a los fines prácticos, tras las primeras semanas de frenéticas especulaciones y la aparición de revelaciones sensacionales, se dio carpetazo al asunto. Nadie siguió ocupándose del tema”

Pero ¿dígame don Santiago? ¿Es que son todos ciegos? ¿O imbéciles? ¿O fingen torpeza para dar material a los medios? Ignoran lo obvio. Todos: la policía, la justicia, los medios, los lectores ¿Nadie es capaz de ver la verdad delante de sus ojos? Les resultaría absolutamente claro si miraran donde deben
hacerlo, y repasaran lo básico de cada uno de los tres asuntos.

El primer punto que salta a los ojos es la falta de motivo. En los tres casos. Especulaciones sí. Pero ¿motivos? Nadie los conoce.

En cada uno de ellos con mayor o menor ardor siguen pistas equivocadas. El sexo, el dinero, las conexiones con el poder, los adulterios, los dudosos personajes del entorno, arribistas o parientes que dejan torpes huellas de todo tipo para que la policía se lo pase haciendo pruebas de ADN.

Analizan pitutos, semen, balas, pegamentos, fibras. Mucha televisión, mucho CSI, poca cabeza.

Llega un momento en que lo que hacés se vuelve tan perfecto que te elevás, estás por encima de aquellos que, embobados miran desde abajo. Me volví un ser tan complejo que perdí contacto con el resto del mundo.

Puesto en ese punto comprendí que tampoco es gratificante un triunfo tan absoluto. Si nadie se da por enterado de la obra realizada, la frustración empieza a ganarlo a uno. Es como si Miguel Ángel tras pintar la Capilla Sixtina se hubiera enterado de que la sala se clausuraba para siempre. O a
Beethoven le hubieran comunicado que la Sinfonía Pastoral iba a quedar inédita, resonando sólo en su cerebro.

Por privilegiados que seamos, los artistas deseamos en algún punto el reconocimiento de nuestro público. Un espectador bobo, que no interprete los guiños del autor, no alimenta al mismo ni le da ganas de seguir.

Y a mí me falta tan poco…

En este punto irrumpió Luisa con un café con Bay Biscuits que suelo tomar a la tardecita. Dejé la carta inconclusa sobre la mesa.

Yo escribo desde hace unos dos años un blog “Country”, donde relato historias que me ha tocado presenciar, o de las que me he enterado por amigos que viven en Countries. Todo resulta en general divertido porque la fauna que los habita es en ciertos aspectos especial: más ricos que la media, más
ociosos, más dados a los excesos. El blog, que publica el diario digital minutouno.com es seguido —me dicen— por un grupo generoso de lectores interesados en el tema. Les place como a mí, indagar de alguna manera y en la medida en que los hechos trascienden, qué sucede tras las alambradas y garitas de seguridad de los countries.

Mi Blog no había tratado los casos de Maria Marta Belsunce, Elena Criguera y Nora Dalmasso. Principalmente porque no tenía nada que aportar sobre los mismos. En los dos casos tan cubiertos por los medios, sólo quien tuviera información reservada, desconocida para todo el mundo podría haber dicho algo novedoso. Por lo que se vio en el juicio Belsunce, la principal pregunta no pudo ser respondida ni por los jueces.

En el caso de Criguera, que ni de lejos atrajo la misma atención que los otros dos, por esa misma razón: un asunto turbio y repleto literalmente de sangre, algunas revelaciones sexuales, una mujer madura asesinada en un country…en fin el mismo tipo de suceso. Pero no se habló más de él, y yo no tenía ninguna información particular al respecto. Sigo a Wittgenstein: en el Tractatus leemos: “De lo que no se puede hablar, se tiene que callar”.

Lo que no imaginaba es que la otra gran expresión del filósofo, también tendría un lugar en la historia: “Hay… lo inexpresable, lo que se muestra a sí mismo y con eso basta. Aquel que no habla o lo hace apenas”.

Para poner en tema a más de un desprevenido, resumiré los hechos relativos al caso menos conocido. Los otros dos los doy por sabidos (...).


 


Bueno, muy bien —me dije— ahora vuelvo a la carta:


 


“En otras palabras, Don Santiago —proseguía el documento— siento la frustración del artista no reconocido. Ahí está la obra, allí su belleza, su estética minimalista, su perfección que haría la delicia de los grandes maestros,los del Grand Guignol, sí pero también aquellos que apreciaban en tiempos idos la perfección de una matriz racional, cartesiana, comprensible, predecible. Pero no, nadie parece percibirla. La tienen delante de sus narices y no se dan cuenta.



“En los años cuarenta cuando escribía Borges, cuando acompañado de su inolvidable hermana Norah la pintora, que así se escribe correctamente el nombre, cuando nació Isidro Parodi aquella tarde fausta, esta impericia hubiera resultado impensable. El gran humorista, el lector de misterios británicos hubiera dado con las claves en forma inmediata.


 


De manera que intentaré ayudar a comprender, para que se reconozca la medida de mi genio. Y en ello va como incentivo adicional la vida de la próxima y última `Señora de Country’ que pienso tomar. Después de ella me llamaré a descanso. Tiene Ud. la posibilidad de salvarla, si acierta a mirar donde debe hacerlo.



Para que esté Ud. seguro de que hablo en serio le doy tres datos menores que obran en poder de la policía, esos detalles que se guardan de la prensa para descartar falsas confesiones:
datos que sólo conoce el asesino y la policía:



Caso Belsunce: trozo grande de paño azul y amarillo en
el borde de la bañera.


Caso Criguera: peineta de carey tomando los dos dedos
centrales de la mano derecha del cadáver.


Caso Dalmasso: paquete de cigarrillos antiguos marca Lucky Strike entre las ropas del cadáver. Nadie fumaba en dicha casa.



Procederemos así: le iré dando claves y le sugiero que las analice. Cuando tenga una respuesta publíquela en su blog para que, de ser correcta sigamos con el juego.


Si acierta, la próxima Señora tendrá chances de salvarse. Si falla, procedo.


Me despido saludándolo atentamente Rudi Scharlach”


Claves para esta semana:
1) Motivo de los tres crímenes.
2) Nombre de las víctimas.
3) Apellido de las víctimas.


 


Doblé la carta y me puse a pensar.


 


El autor sugería una hipótesis alocada: que los tres crímenes tenían aspectos en común, que no eran episodios separados, aislados sino todo lo contrario: algo los hacía parte de un solo entramado.
Por otra parte insinuaba que él tenía alguna participación en los mismos. Prácticamente se los atribuía, sospecha que se confirmaba cuando hablaba de una “próxima Señora” que pensaba “tomar”. Era el autor material o intelectual de los asesinatos, o sabía mucho sobre ellos que no se había revelado
a la opinión pública. Deseché la segunda hipótesis por imposible: que alguien supiera tanto sobre los tres casos, datos que no se hubieran filtrado sin haber estado allí, ser el homicida era imposible. Llegué a la conclusión de que el autor de la carta era el responsable de las muertes. Ofrecía el incentivo siniestro de la vida de aquella futura “cuarta señora” si descubría las claves de los asesinatos anteriores.



Me sorprendió darme cuenta con qué facilidad yo mismo aceptaba la improbable teoría de que los tres asesinatos estaban relacionados. Era absurdo. Seguramente algún afiebrado se había puesto a imaginar cosas. Tan lejanos en el tiempo, el espacio, las circunstancias. Aun las causalidades, aunque poco se sabía de ese aspecto: los motivos de los tres crímenes permanecían en la oscuridad (...).


 


Gentileza Editorial Ediciones B

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