Brasil, el Papa y la hemorragia de fieles hacia el protestantismo
*El mayor desafío de la iglesia en Latinoamérica es revertir, o al menos disminuir, la constante emigración desde el catolicismo hacia las iglesias evangélicas.
*Benedicto XVI ratificó la visión de su antecesor contra la Teología de la Liberación y contra el capitalismo, dejando en manos del CELAM las respuestas a la creciente pérdida de fieles.
No está claro si Benedicto XVI planteó alguna fórmula para revertir la pérdida de fieles en el último bastión del catolicismo: Latinoamérica en general y Brasil en particular.
Lo que está claro es que su paso por el gigante sudamericano este fin de semana está ligado a la encrucijada que atenaza a la iglesia en la región.
A esa encrucijada la configuran un movimiento interno y una competencia externa.
El movimiento interno es la “Teología de la Liberación”, tolerada por Pablo VI y estigmatizada por Juan Pablo II. Y la competencia externa está planteada por las iglesias evangélicas, que se expanden en el centro y el sur de América con la velocidad y la forma de una mancha de aceite.
El catolicismo militante y comprometido con las luchas sociales, surgió de la publicación, en 1970, de un libro llamado “Teología de la Liberación” en el cual su autor, el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, recurría a la teoría marxista de la lucha de clases y acercaba fundamentos teológicos cristianos a doctrinas izquierdistas.
Ese texto impulsó desde Latinoamérica el movimiento de sacerdotes tercermundistas.
De este movimiento surgieron figuras respetadísimas y también sacerdotes guerrilleros, como los colombianos Camilo Torres y Manuel Pérez, y sacerdotes funcionarios de regímenes revolucionarios, como el sandinista Fernando Cardenal.
Brasil fue el país del cual surgieron los más relevantes teólogos de la liberación, como monseñor Helder Cámara, el “obispo rojo” de Recife; Leonardo Boff, autor de libros sobre Fidel Castro que terminó dejando los hábitos, y el popular franciscano Frei Betto.
A su paso por Brasil Benedicto XVI dejó en claro que es un continuador de Juan Pablo II en su rechazo militante contra el movimiento de sacerdotes tercermundistas, repudiando en ellos su tolerancia a la lucha armada y su análisis histórico basado en el materialismo dialéctico de Marx y Engels.
Esa posición antimaterialista coloca a Joseph Rattzinger, igual que a su antecesor Karol Wojtila, en abierta enemistad con el capitalismo liberal. Y este es el punto que condujo a la iglesia católica hasta el otro punto de la encrucijada.
Brasil y algunos países de América Central parecen corroborar la tesis de Max Weber en su libro “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, donde analiza las iglesias evangélicas originadas en Lutero y en Calvino como la rama del cristianismo surgida con la irrupción de la burguesía en la historia y, por ende, más apta para el desarrollo y la prosperidad en la economía abierta.
En Europa, esta característica del protestantismo que contrasta con el apego católico al corporativismo medieval y la exaltación de la pobreza como virtud, se reflejaría en la ventaja que durante siglos los países protestantes le llevaron a los países católicos y también a los cristiano-ortodoxos.
Y en América latina el resultado económico de las comunidades indígenas que dejaron el catolicismo por seguir a las iglesias evangélicas, también parecen corroborar la lucidez del sociólogo, filósofo y economista alemán de fines del siglo 19 y principios del 20.
Estudios de universidades de Honduras y Guatemala señalan que numerosas comunidades indígenas pasaron del retraso y la miseria, el orden, la productividad y el despegue hacia una mayor prosperidad.
En base a estas estadísticas, algunos sociólogos, economistas y politólogos creen ver en esta migración religiosa una posible revolución cultural que podría librar a Latinoamérica de su patológica debilidad económica y de sus crónicos bolsones de miseria.
En todo caso, lo que está claro en el presente es que el resultado de esta tendencia económica, junto a otros factores, explicarían el flujo de fieles que van desde el catolicismo hacia el protestantismo; pero Benedicto XVI no ha esbozado fórmulas para cerrar esta hemorragia que debilita a la iglesia, dejando para la conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) la búsqueda y elaboración de propuestas.
Teniendo en cuenta que Juan Pablo II, tan enemigo de los teólogos de la liberación como del capitalismo, compensaba con su carisma los rigores de su visión doctrinaria (y cada gira lograba fortalecer la presencia de la iglesia), el Papa actual, dueño de un intelecto y de una cultura inmensamente superior pero sin el contacto con las masas de su antecesor, no tendrá con sus viajes pastorales el mismo efecto; ergo, la hemorragia de fieles no disminuirá.
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