BUSH, EL VISITANTE

*¿Chávez Vs. Bush?
*¿Se equivocan Lula y Tabaré Vázquez al recibir al cuestionado presidente norteamericano?
*¿O se equivoca Kirchner al recibir a su colega venezolano para que haga su show anti-Bush?

Es difícil pensar que Néstor Kirchner cree de verdad en el valor del show anti-Bush que va a protagonizar Hugo Chávez, una vez más teniendo a la Argentina como escenario. Posiblemente, el presidente apuesta a salir hecho, al compensar el desagrado que esto provocará en Estados Unidos con la ampliación de la colaboración argentina con la DEA en la lucha contra el narcotráfico. Al fin de cuentas, para Washington las escenificaciones contra Bush son anecdóticas, mientras que la lucha contra la droga es estratégica.

Desde un ángulo de observación, lo que se ve es lo siguiente: Kirchner le da a Chávez lo que éste pide (escenario para presentarse como el gran líder de la izquierda latinoamericana), como retribución a la generosidad económica de la política de petro-influencia, o sea el instrumento con que el exuberante líder caribeño construye poder personalista más allá de Venezuela.

Ahora bien, ¿es verdaderamente George W.Bush el blanco que se pretende dañar con el acto de Buenos Aires? En todo caso, lo que está claro es que el presidente venezolano volverá a mostrar su influencia regional (y del chavismo en Argentina), insistiendo con que la disyuntiva latinoamericana es estar “con Chávez o con Bush”. Pero como también parece claro que a la deteriorada imagen del jefe de la Casa Blanca no la afecta el desprecio que le profesa un líder para nada respetado en el mundo desarrollado (incluida Europa), lo que  queda como conclusión es que, en realidad, el acto anti-Bush es un acto contra Lula y contra Tabaré Vázquez, los anfitriones del visitante norteamericano.

Los anfitriones  



En cuanto a los presidentes de Brasil y Uruguay ¿están traicionando el Mercosur y la integración latinoamericana por recibir a Bush? ¿Están abandonando sus ideas de izquierda al reunirse con un noconservador militarista y recalcitrante? ¿Vale la pena ser anfitrión de semejante huésped, ahora que es un presidente débil en el tramo final de su último mandato? ¿No hace mejor negocio Kirchner al permitir a Chávez su show ideológico, apostando a que un futuro gobierno demócrata en Estados Unidos premie su actual actitud?


Las respuestas a tales interrogantes exigen tener en cuenta los siguientes elementos: Bush no viene en carácter de Bush, sino representando la institución de la presidencia de los Estados Unidos, y los temas de la agenda para Brasil y Uruguay tienen que ver, principalmente, con un proyecto de Estado y de largo plazo. Se trata del objetivo norteamericano de reducir su dependencia del petróleo, propiciando combustibles alternativos.


Esos combustibles tienen menos presente pero más futuro que el crudo. Y en un mundo donde los biocombustibles reemplacen a los hidrocarburos, a todo el Mercosur (no sólo a Brasil y Uruguay) se le abre una perspectiva imponente.


Incluso Venezuela, que como todas las potencias petroleras se verán perjudicadas por el pérdida de valor estratégico del crudo, tiene en su territorio la posibilidad de explotar los futuros comodities más privilegiados.


El valor de la agenda no tapa todo lo cuestionable del visitante. Bush es un ultraconservador, cuyo accionar imperial-militarista ha causado estragos en el mundo y en la propia imagen de los Estados Unidos. Pero a esta altura de sus estropicios, el ala extremista de su gobierno se ha replegado, permitiendo un giro hacia posiciones moderadas. Por caso, a Donald Rumsfeld lo echaron del Pentágono y Dick Cheney, el vicepresidente que más poder ha tenido en toda la historia norteamericana, ha quedado en un cono de sombra.


Un claro ejemplo de este avance moderado que amplió el margen de maniobra de Condoleza Rice y del titular de Defensa, Bob Gates, es la conferencia sobre el futuro de Irak a la cual fueron invitados Irán y Siria, a pesar de que Bush había rechazado del informe Baker-Hamilton la sugerencia de negociar con los regímenes sirio e iraní.


En rigor, desde el triunfo demócrata en la última elección legislativa el eje del poder norteamericano se desplazó desde la Casa Blanca hacia el Capitolio. Es allí, en el Congreso, donde más reina la convicción de que la actual administración republicana ha descuidado irresponsablemente a Latinoamérica, allanando el camino al proyecto personalista de Chávez. Por eso la agenda que trae Bush trasciende a su propio gobierno.


El presidente norteamericano ya es lo que en su país llaman un “pato rengo”, o sea un líder debilitado por transitar el tramo final de su último mandato. Pero la debilidad de Bush se acrecienta por sus propios fracasos y la certeza de que el próximo gobierno implicará un notable cambio hacia posiciones centristas y moderadas.


Este viraje político se daría en forma radical, si triunfaran demócratas como Barak Obama o Hillary Rodham, o en forma atemperada si llegaran al Despacho Oval republicanos como John McCain o Rudolf Giuliani. Como fuere, el extremismo neoconservador ya emprendió su retirada.


Teniendo en cuenta estos elementos, se puede deducir que Lula y Tabaré ni traicionan el Mercosur ni traicionan al moderado centroizquierda que ambos representan. Por eso es grave que el acto presentado como antiBush sea, en los hechos, un acto contra los presidentes de Brasil y de Uruguay.


Hace dos semanas, en Caracas, Kirchner apareció en cámara junto a Chávez cuando éste atacaba duramente al presidente de Costa Rica, el respetadísimo Oscar Arias, estadista que hizo un aporte decisivo nada menos que a la pacificación de Centroamérica.


Ahora, ese líder al que el mexicano Carlos Fuentes llama “el duce de Caracas”, vuelve a comprometer a su colega argentino, esta vez en una escena que postula atacar a Bush pero que en realidad ataca a dos de los presidentes latinoamericanos más respetados en el mundo: Lula y Tabaré Vázquez.

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