*Ceder un módico estadio como marco para una presunta protesta por la presencia de Bush en América del Sur suena, cuando menos, irrelevante en sus objetivos internos e ineficaz y casi ridículo en sus efectos externos. *La decisión del gobierno es una manera muy ingenua de comunicarle al mundo que la Argentina es un país independiente en sus decisiones estratégicas.
Las relaciones internacionales, es decir, el trato de la Argentina con el mundo, es un tema de “alta política”. Cómo encarar las negociaciones con los países “amigos”, “enemigos” o neutrales es lo que habitualmente se denomina Diplomacia, un arte que ha sido manejado por los más grandes estadistas políticos de la historia (von Metternich en Austria, Talleyrand en Francia, Disraeli en Inglaterra).
Se trata de cuestiones de enorme voltaje por sus consecuencias y porque en última instancia determinan el destino y la historia en el tiempo de una Nación en el contexto mundial.
Banalizar este panorama como se está haciendo al ceder un módico estadio como marco para una presunta protesta por la presencia de Bush en América del Sur suena, cuando menos, irrelevante en sus objetivos internos e ineficaz y casi ridículo en sus efectos externos.
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Tiempo atrás, otra manifestación contra el presidente norteamericano que tuvo lugar en Mar del Plata, en el marco de la Cumbre de las Américas, reveló la acción de los tecnócratas de la agitación de nuestro país (Quebracho y otras agrupaciones ignotas que detentan siglas revolucionarias, perimidas y enterradas hace años en la política Argentina y en toda América Latina).
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En este contexto, ofrecerle a Hugo Chávez, presidente elegido por el pueblo, un escenario para sus devaneos y discursos anti Bush (mientras por otro lado cobra prolijamente petrodólares girados desde Estados Unidos), es una manera muy ingenua de comunicarle al mundo que la Argentina es un país independiente en sus decisiones estratégicas.
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Si a esto se le suma un viaje a Irán de un sacerdote y un legislador oficialista que comulga con el ideario de la casa de gobierno a un país que, como política de Estado propone “barrer” del mapa a otro Estado (en este caso Israel), está de más resaltar que la Argentina queda en una posición internacional endeble y no compatible con fórmulas que marcan la diferencia entre los países que importan y deciden … y los otros.
Uno podría entonces preguntarse ¿por qué Chávez no hace la protesta en Venezuela? Y la respuesta es que, claramente, Venezuela no tiene el peso histórico ni la relevancia de la Argentina.
En medio de tanta especulación e hipótesis hay algo que sin embargo queda claro: convertir a nuestra patria en un espacio segmentado para un espectáculo político como el montado por Hugo Chávez es una gestión que obtendría un aplazo en el primer curso de cualquier aspirante a diplomático.
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