Con los huevos, no
Hueveros_Telam
Será porque nací con el estigma de
Lo que ocurre es que el huevo es un alimento esencial: un huevo tiene la proteína que un ser humano necesita para todo un día. Uno de esos huevos arrojados podría salvar una vida en remotas latitudes donde la dieta de un chico apenas llega a las 200 calorías diarias, donde abunda el kwashiorkor, la enfermedad más simbólica de la pobreza extrema, el origen de las panzas hinchadas y el pelo descolorido, casi rojo, de los niños negros. Si alguno de esos chicos tuviera un huevo por día, no estaría condenado a la desnutrición y a la muerte antes de cumplir los diez años.
Obviamente, se que ese huevo nunca va a llegar a ese chico, que ese tránsito es imposible. Pero no puedo evitar que me produzca un enorme dolor simbolizar repudios con algo que es esencial para la vida humana.
Más allá de su efectivo impacto, entiendo que la comida debe ser respetada. Por eso me impresiona cuando se arrojan millones de litros de leche porque su precio no es el adecuado o se desparraman centenares de miles de tomates porque a alguien no le gusta el mecanismo de comercialización.
Si alguien viera cuanta gente está esperando sacar de los tachos de basura la comida del día, se cuidaría mucho de usar el alimento como elemento de protesta.
Los huevos del Sheraton no me duelen ni por el Sheraton, ni por la protesta, (que puede ser o no justa) ni por los turistas que observan la escena como un espectáculo adicional que les ofrece Buenos Aires... lo que me duele en los huevos es el huevo.
Dejá tu comentario