¡SOCORRO! ME ENAMORÉ DE MI JEFE

*minutouno.com te dice todo lo que tenés que hacer para resolver con inteligencia esta situación que puede comprometer seriamente tus sentimientos y tu trabajo.

En la Argentina hay más de tres millones de solteros, son hombres y mujeres que tienen entre 30 y 60 años, muchos están en búsca de un amor que los contenga y acompañe, otros se entregan al culto de los valores individuales y no quieren saber nada con tener una pareja.

Hoy queremos hablar de los que sí buscan un amor, y que lo encuentran -muchas veces no correspondido- en sus jefes. Esta situación puede no presentar complicaciones si todo anda sobre rieles, pero muchas veces es dificilísimo dar el primer paso, para que la persona en cuestión se entere de lo que te pasa. Y mucho peor cuando esa persona es tu jefe o jefa, porque se juegan muchísimas cosas más, además de tu enamoramiento.

Verónica  Kenigstein* es una especialista en parejas, asegura que en este tipo de relaciones hay que ser muy cuidadosos, porque son muchas las variables que se juegan para no quedar seriamente comprometidos.

Antes que nada es muy importante definir si esa persona sólo te gusta, si querés una relación más seria, si los sentimientos son recíprocos, y si se puede blanquear sin provocar problemas laborales, teniendo en cuenta que son muchas las empresas que se oponen a las relaciones entre sus empleados.



 


10 CONSEJOS ÚTILES PARA SABER CÓMO ACTUAR




  1. Pensá si lo que te pasa es realmente enamoramiento, amor, atracción sexual o si se trata sólo de una fuerte admiración, estos sentimientos suelen confundirse cuando hay relaciones de autoridad. Para definir bien qué sentís, puede ayudar que te preguntes:
     
    ¿Es posible una relación con esta persona?
    ¿Te gustaría que otras personas se enteraran?
    ¿Qué cosas te gustan de esa persona?
    ¿Qué pasaría si ese sentimiento es mutuo?
    ¿Qué pasaría si el sentimiento no es correspondido?
    ¿Qué cosas de las que te gustarían para formar una pareja puede darte esta persona?
    ¿Qué te gusta de él o ella?
    ¿Cambiarías de trabajo si la situación se hiciera complicada?



  2. Percibí si esa persona te da alguna señal para alimentar tu enamoramiento. Para analizar las señales podés observar:

    Si te toca especialmente.
    Si busca momentos de soledad contigo.
    Si te trata de un modo diferente a otras personas.
    Si te mira con intención seductora.
    Si te tira indirectas verbales, gestuales o corporales.



  3. Y para no confundir esas señales, es bueno buscar alguien que pueda ser un confidente confiable (es importantísimo que esta persona mantenga la confidencialidad), para que pueda ayudarte a percibir si las señales son reales o sólo te las estás imaginando.



  4. Observá en qué situación de pareja están ambos. Y decidí si aceptás conscientemente las posibles consecuencias de una  relación amorosa o sexual.



  5. Si ves que las señales son reales y recíprocas, entonces abrí el juego. Conversá, preguntá cuáles son los sentimientos mutuos. Reflexioná junto con la persona sobre las posibilidades efectivas que tienen de hacer una pareja (o lo que quieran). Explicitá el nivel de seriedad del posible vínculo, es decir, dejá claro si uno de los dos quiere sólo sexo, y el otro en cambio quiere un compromiso afectivo, si están dispuestos a comprometerse para ver qué pasa.



  6. Tené en cuenta que una relación siempre es de a dos. Si la otra persona no quiere involucrarse, es imposible que uno sólo lleve adelante el vínculo. Si no es recíproco, procurá tomar distancia al menos hasta que los sentimientos se diluyan. Para ésto, a veces se necesita pedir un cambio de sección, otras pedir un cambio de funciones con alguien, y si la situación se complica, quizás sea necesario hasta un cambio de trabajo.



  7. Si la relación se efectiviza, analizá cómo van a manejarlo dentro del trabajo, si lo van a decir, si lo van a mantener en secreto hasta un poco más adelante, cuando sepan cómo evoluciona el vínculo, o van a necesitar que uno de los dos se quede y otro se vaya (generalmente el que se queda es el de mayor jerarquía).



  8. Procurá que la relación no incida sobre el trabajo, las responsabilidades, y sobre todo en las relaciones con el resto de las personas del lugar de trabajo.



  9. Si propera la relación, tené muy claro que las diferencias de poder y autoridad existen en el trabajo, pero que es importante no llevarlas a la relación de pareja.



  10. Si no llegan a nada,  es muy importante que puedas cortar y seguir tu vida sin alteraciones.

 


 


UNA HISTORIA TÍPICA… NADA CONVENCIONAL

Ellos laburaban en una compañía bastante grosa, la testigo de este romance, que trabajaba junto a los protagonistas, me contó todos los detalles de este romance que ocurrió entre el presidente y su secretaria privada.


 


Él, presidente y mandamás incuestionable, era un tipo super pintón, usaba trajes a medida, camisas con iniciales bordadas en el pecho, gemelos preciosos, perfume inquietante, siempre estaba diez puntos. Un día venía en un auto importado, otro en una poderosa moto japonesa.

Ella, la secretaria “ultra” privada, era una flacucha tipo Mímicha Reutemann con aires aristocráticos, no era una belleza, pero sí muy atractiva. Trabajaba hacía muchos años en la compañía, en otra área, pero ni bien el ejecutivo entró se la llevó a trabajar con él.

Irremediablemente nació el romance.

Él, un tipo tímido que venía de una familia "bien", estaba casado con una mujer muy parecida a su amante, pero con mucho menos carácter. La secretaria (casi como una Primera Dama) se encargaba de resolver todos los problemas a medida que se iban desarrollando, y su presencia se hizo cada vez más indispensable y necesaria para resolver cuestiones domésticas, operativas, bancarias y personales.

Lentamente ella ejerció un control absoluto sobre toda la compañía. Si él quería estudiar inglés, conseguía un profesor (varón por supuesto), si quería hacer gimnasia, encontraba una instructora que fuera tipo hipopótamo. Manejaba la guita, la agenda, y la cama.

Las cosas que hacían eran realmente increíbles. Se iban de vacaciones a playas cercanas, se encerraban en la oficina toda la mañana, hasta había una colchoneta guardada en  un armario. Él se bañaba en la empresa y se paseaba por un pasillito en bata y pantuflas, cuando peleaban ella salía llorando de la oficina y él corriendo atrás, ella agarraba el auto, y él a los piques salía atrás de ella.

El romance y sus actitudes la convirtieron en la persona más odiada de la empresa, encima estaba casada y no paraba de tener hijos “con el marido”, pero algunos tenían el inconfundible perfil del jefe.

La empresa finalmente se fundió, cosa muy esperable si tenemos en cuenta que estaba manejada por alguien, que a su vez estaba dominado por una persona despiadada, cruel y egoísta, sin ninguna visión del negocio.

Finalmente vinieron nuevos directivos que se negaron a aceptar esta dupla. A ella la echaron, su marido le dio una merecida patada en el tujes, su hija mayor quedó embarazada en la escuela secundaria carísima donde cursaba. Y él, pobre, murió de un infarto muy joven. 
 
 


* Verónica Kenigstein licenciada en Comunicación, sexóloga y especialista en parejas, además dirige el portal  Senderos del placer

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