De golfistas, prestigiosos y sabelotodos

*La nueva jornada del juicio por María Martha García Belsunce volvió a dejar detalles curiosos.
*El ego desatado de un médico y los cruces de los defensores con un funebrero, entre los pasajes más llamativos de las audiencias.

Télam
Por Télam

Torneo de estrellas


El médico Manuel Nolting, testigo clave del día, reconoció que tenía vínculos con Horacio García Belsunce (h), hermano de María Marta, porque atendía a una de sus hijas, pero además por haber jugado al golf.

Todos en la audiencia de hoy se sorprendieron cuando el prestigioso médico dijo que en los greens del Carmel junto al periodista y abogado habían ganado dos veces "el torneo de las estrellas", aunque nadie se atrevió a preguntarle a qué estrellas se refería. 


 
Un médico con bastante ego


Nollting no sólo presumió de haber ganado torneos de golf, o de sumar 31 años de médico y contar con un gran prestigio docente, sino también de que a él lo conocen todos.

Primero, al referirse al encuentro que tuvo con el médico de la ambulancia, dijo: "Me presenté como Manuel Nolting porque seguro que me conocía, seguro que había sido alumno mío en la facultad porque soy jefe de cátedra".
 
Pero luego, fue más allá, cuando al expresar el fastidio que sintió porque no lo dejaron ver el cadáver de María Marta, aseguró, hablando de sí en tercera persona: "Yo calculaba que Carrascosa me iba a decir que sí. Yo era Manuel Nolting y a Manuel Nolting lo conocen hasta los teros de la cancha de golf del Carmel". 


Un funebrero que se las sabe todas


 
El empleado de la casa funeraria Gilberto Martinelli, con sus 70 años, no fue menos a la hora de mostrarse presumido, ya que cuando le preguntaron si le parecía raro que un cliente pidiera que no se avise a la policía de una muerte traumática, contestó: "¡Cómo no me va a llamar la atención! Yo me las sé todas. Cuando dice no intervención policial, ya uno piensa lo que puede pasar".

Después se cruzó con los defensores Hernán Ferrari y Alberto Cafetzoglus a quienes acusó de querer confundirlo. "No me den  vuelta la cabeza, ¡ya es el colmo!", les dijo.

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