D’Elía en Irán

*¿Qué tienen en común el izquierdismo de Luis D’Elía, con el fundamentalismo religioso que gobierna Irán?

¿Qué tienen en común el izquierdismo de Luis D’Elía, con el fundamentalismo religioso que gobierna Irán? ¿Conduce algún sendero de la izquierda hacia la teocracia? La concepción del poder desde la religión y el verticalismo moralista, ¿no representa acaso la quintaesencia del pensamiento reaccionario, para cualquier mente pos iluminista, marxista y pos marxista?

Evidentemente, nadie puede retroceder al Medio Evo por una vía de izquierdas. Además, hay algo hipócrita flotando en el romance con los ayatolas persas que inició Hugo Chávez e involucró al chavismo argentino, que tiene en D’Elía a su principal exponente: ni el presidente venezolano ni sus seguidores argentinos, incluidos el dirigente piquetero y el padre Farinello, apoyarían públicamente acciones de Mahmud Ahmadinejad como la censura a toda expresión artística que esboce atisbos de ateísmo, y la exhortación a todos los estudiantes a que delaten a los profesores con ideas seculares, lo que incluye al marxismo y toda otra forma de pensamiento izquierdista, con la teología de la liberación como única excepción.

En el campo teórico, no hay forma de justificar una alianza entre Chávez y Teherán. Sin embargo, el presidente venezolano y Ahmadinejad han proclamado a los cuatro vientos su sociedad, y el latinoamericano le abrió a su socio persa las puertas de varios escenarios de la región, entre ellos la asunción del presidente ecuatoriano Rafael Correa, al tiempo que trata de influir al gobierno argentino para que restablezca relaciones diplomáticas con el país del Golfo.

No hay una razón teórica sobre la alianza Caracas-Teherán, pero si hay una razón práctica. Irán y Venezuela son potencias
petroleras, ergo, ambas necesitan que el precio internacional del crudo se mantenga en alturas siderales, y han sabido coordinar acciones y posiciones en pos de este objetivo.

Facilitando la alianza, o dándole un barniz ideológico, ambos gobiernos comparten su militante antinorteamericanismo, aunque los iraníes no tienen vínculo alguno con Estados Unidos, mientras que Venezuela mantiene con la potencia occidental la mayor relación comercial de todo el continente.

Ahora bien, cómo se explica que D’Elía y el padre Luis Farinello viajen a Teherán y allí los reciban altos funcionarios del Estado? ¿Por qué se abrieron para dos personajes supuestamente marginales de la política argentina, puertas institucionales que sólo se abren para los que tienen representaciones significativas? ¿Alcanzan los feligreses del cura y los activistas del movimiento Tierra y Vivienda para otorgar credenciales diplomáticas?

Obviamente, ni el dirigente piquetero ni el sacerdote pueden abrir semejantes picaportes. Entonces ¿fue la mano de Kirchner o la de Chávez?

Desde hace tiempo el líder venezolano intenta convencer a su colega argentino de la conveniencia económica de un acercamiento con Irán. Pero no está claro que lo haya convencido. Además, sería contradictorio hasta el absurdo que el presidente eche a un funcionario por ir a la embajada de Irán, y luego le pague el pasaje para que viaje a la mismísima Irán.
De este modo, resulta evidente que fue Chávez quien envió al dúo argentino, ergo, es al líder venezolano a quien representan ante las autoridades persas.

La pregunta es entonces si Chávez actuó a espaldas de Kirchner o si continúa movilizando el chavismo argentino con el consentimiento del gobernante local.

De ser lo segundo, la pregunta es por qué. Y las posibles respuestas son dos: a) Kirchner está sondeando un restablecimiento de relaciones con Irán porque cree en la promesa iraní de mil millones de dólares anuales en intercambio comercial. B) Kirchner paga con concesiones en las que no ve riesgos, para mantener una relación (con Chávez) económicamente sustanciosa para la Argentina.

Cualquiera de las dos posibilidades tiene un costo: más allá de la fobia antichavista y antiiraní de Estados Unidos (cuyo gobierno bate récords de desprestigio), la propia Europa no siente respeto por Chávez y mira con temor y desconfianza al régimen de los ayatolas persas.

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