El segundo milagro irlandés

* El extremista protestante Ian Paisley y el ex guerrillero del IRA Martin McGuiness encabezan el nuevo gobierno autónomo del Ulster.
* El histórico logro político permitió a su principal artífice, Tony Blair, anunciar su retiro del poder revirtiendo en algo la mala imagen que le provocó Irak.

Si el primer milagro irlandés fue el despegue económico y la modernización productiva, que sacó a la república con capital en Dublin de su letárgico atraso respecto al resto de Europa, el segundo es el que se dio en los seis condados del norte irlandés que quedaron en la órbita británica.

Nadie hubiera imaginado que quienes fueron archienemigos durante más de cuarenta años, finalmente convivirían en un mismo gobierno, liderando la recuperada autonomía del Ulster.

Ian Paisley, ministro de la Iglesia Presbisteriana Libre del Ulster y fundador, junto a Desmond Boal, del Partido Unionista Democrático, es el jefe del gobierno que tiene como vicejefe al hombre que siempre quiso ver muerto: Martin McGuiness, antiguo comandante del IRA (Ejército Republicano Irlandés) que luego lideró junto a Gerry Adams el Sinn Fein, que en la antigua lengua irlandesa significa “nosotros mismos” y es el nombre del partido de los republicanos católicos.

En 1959, Ian Paisley intentaba desatar una limpieza étnica que limpiara de católicos los seis condados que integraban la provincia británica.
En las dos décadas posteriores continuó incitando a la expulsión de los católicos de Shainkill Road, el enclave protestante de Belfast; y colaboró en la creación y financiamiento de las milicias protestante que hicieron terrorismo en Londonderry.

Ian Paisley siempre fue un extremista. Difícilmente los católicos se olviden de que los acusaba de no ser cristianos, o las cientos de veces que desde el púlpito de su templo exclamó que el Papa “es el anticristo”.

Además, si algo caracterizaba a Paisley es su intransigencia.
En toda su carera política sólo una vez había cedido. Fue cuando propuso que la fuerza política que fundó se llame Partido Unionista Protestante y, finalmente, Desmond Boal lo convenció de llamarlo Partido Unionista Democrático, demostrándole que el concepto “unionista” alcanzaba para mostrar la matriz protestante y pro-británica.

Pues bien, Ian Paisley acaba de realizar la concesión que nunca nadie antes habría imaginado que haría.
Incluso después de “los acuerdos del viernes santo”, cada vez que le preguntaban si aceptaría cogobernar con el Sinn Fein, entraba en estado colérico y gritaba “never, never, never” (jamás, jamás, jamás).
Sin embargo ahora, comparte el poder con McGuiness.

El segundo milagro irlandés es de una dimensión histórica tan grande, que le permitió a Tony Blair anunciar a renglón seguido la fecha de su salida del poder.

El éxito económico del primer ministro laborista no alcanzó para compensar el desgaste que le provocó a su gestión y su imagen el error de haber acompañado a Bush en la aventura militar de Irak.

Por eso necesitaba tanto un éxito político vinculado a la paz. Y sin duda lo logró en el Ulster, porque fue el principal artífice del entendimiento entre dos comunidades separadas por el odio.
Con el abrazo entre católicos y protestantes, Blair puede pasar el gobierno a Gordon Brown y salir del 10 de Downing Street con la frente en alto.

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