ESPERANZA DE PAZ
*Hamás todavía no renuncia públicamente al terrorismo ni al objetivo de aniquilar a Israel; pero su acuerdo con Fatah y el nuevo gobierno palestino de unidad insinúa la posibilidad de un cambio profundo.
¿Tiene razón Israel al mantener el boicot contra el gobierno de unidad palestino? Sí, tiene razón. ¿Esto quiere decir que el gabinete de acordado entre Hamás y Fatah no abre ninguna posibilidad de cambio hacia la paz? No quiere decir eso.
Paradójicamente, el acuerdo entre las dos fuerzas, una ultrareligiosa y la otra secular, en que se divide el pueblo palestino, implica una señal de posible cambio a favor del diálogo con el Estado judío, aunque esa señal todavía no alcance para que Israel apruebe abiertamente al nuevo gobierno palestino.
La razón por la cual se justifica que el primer ministro Ehud Olmert haya anunciado su rechazo al gabinete de unidad, es que Hamás aún no ha cumplido con dos requisitos básicos: reconocer públicamente a Israel y renunciar a la violencia como método para dirimir el conflicto.
Y la razón para la esperanza es que, al acordar el gobierno de unidad con el partido del presidente Mahmud Abas, la organización ultraislamista que tiene un brazo terrorista ha aceptado todos los acuerdos palestino-israelíes firmados por Fatah, lo que implica reconocer implícitamente al Estado judío y aceptar la negociación política como único instrumento válido en la resolución del conflicto.
El partido del primer ministro Ismael Haniye y el del presidente Abas llevaban meses tirotéandose en la Franja de Gaza y, mientras los muertos de ambos bandos se acumulaban, todo parecía avanzar hacia la guerra civil.
Por iniciativa de Arabia Saudita, ambas fuerzas se sentaron a negociar en La Meca, y la negociación desembocó en un gobierno de unidad cuyos integrantes evidencian un intento de giro hacia el pragmatismo.
Por ejemplo, es positivo que el vice primer ministro, o sea el número dos del gobierno, sea Azam al-Ahmad, del partido Fatah y cercano al presidente Abas. También es positivo que el ministro de Finanzas sea Salam Fayad, un respetadísimo economista que milita en el centrista Partido de la Tercera Vía.
Un signo negativo es que hayan dejado afuera del nuevo gobierno a Mohamed Dahlán, hombre fuerte de la milicia de Fatah que está acertadamente convencido de que se debe desarmar al Ezedim al-Kasem, brazo armado de Hamás, si es necesario por la fuerza.
También es negativo que el ministro de Educación sea Naser ed-Din Asher, un oscurantista discípulo del fallecido jeque Ahmed Yassin, y que al frente del Ministerio de Justicia esté Alí Sartawi, un partidario de suplantar el código civil por la sharía (ley islámica).
De todos modos, los seis estratégicos cargos que obtuvo Fatah, entre ellos la Cancillería, además de los cinco ministros independientes, evidencian que Hamás al menos intenta acercarse al pragmatismo.
Por cierto, es lógico que Israel no acepte negociar con una fuerza que no le reconoce el derecho a existir como Estado; pero es alentador que detrás del acuerdo entre Hamas y Fatah esté Abdulá bin Abdulasis al Saud, el rey de Arabia Saudita que años atrás, cuando aún era príncipe heredero y regente del trono, propuso la siguiente fórmula de paz entre árabes e israelíes: Todos los países y fuerzas árabes y musulmanas deben reconocer al Estado judío, a cambio de que éste acepte retornar a las fronteras previas a la guerra de 1967 para que nazca un Estado palestino independiente.
Esta propuesta fue rechazada por los gobiernos de Benjamín Netanyahu y de Ariel Sharon, sin embargo ahora hay signos de que en Israel hay disposición de sondear ese camino. También la secretaria norteamericana de Estado, Condoleza Rice, está buscando, por el momento silenciosamente, que la Casa Blanca acepte la iniciativa del monarca saudita.
Como prueba de esa disposición que aún no se hace pública, tanto Washington como Jerusalén anunciaron que, sin bien no mantendrán contactos con el primer ministro Haniyé, si lo harán con los ministros independientes y del Fatah que integran el gobierno de unidad, y continuarán haciéndolo con el presidente Mahmud Abas.
Como siempre en el Oriente Medio, toda esperanza de paz puede ser acribillada a balazos o destrozada por un coche-bomba en cualquier momento. De todos modos, el hecho de que Arabia Saudita haya decidido financiar totalmente al nuevo gobierno palestino, ya que Israel y Estados Unidos mantienen el boicot, señalan que la vieja propuesta pacificadora de Abdulá bin Abdulasis al-Saud puede ser reflotada y, esta vez, con chances de abrir un proceso negociador.
Las Más Leídas
Dejá tu comentario