Estados Unidos con dos gobiernos

*El Congreso se ha constituido, de hecho, en una administración paralela que está marcando el final anticipado de la política exterior neoconservadora.
*La disputa por la financiación de las tropas que ocupan Irak y el viaje de la archienemiga de Bush, la demócrata Nancy Pelosi, al Medio Oriente, son la señal más contundente de que la superpotencia occidental hoy tiene dos cabezas.

Nadie imaginó que todo sería tan vertiginoso. Estaba claro que la abrumadora victoria demócrata en las elecciones legislativas del año pasado, consecuencia principalmente del fracaso de la ocupación militar de Irak, implicaría un desplazamiento del eje del poder desde la Casa Blanca al Capitolio. Lo que nadie esperaba es que llegara al punto de generar dos gobiernos.

El reciente viaje a Medio Oriente de la presidente de la Cámara de Representantes (el equivalente a nuestros diputados), implicó de hecho la irrupción de un gobierno paralelo en el marco de la política exterior.

Medio Oriente es la región donde la administración Bush probó sus doctrinas de “unilateralismo” y “guerra preventiva”. Por lo tanto, es el punto del planeta donde el gobierno norteamericano apostó su suerte. Pues bien, allí fue a sostener cumbres con líderes árabes la demócrata Nancy Pelosi, archienemiga del poder neoconservador que implicó la actual gestión republicana.

La titular de la cámara baja no sólo desoyó la desautorización que le hizo la Casa Blanca, sino que se reunió en Damasco con el mismísimo Bashir el-Asad, presidente del régimen sirio al que George W. Bush incluyó en el eje del mal.

Lo más significativo es que esa reunión pudo haber sido una de las causas por las que el jefe de Estado sirio intercedió ante el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, para que libere a los quince soldados británicos capturados por Irán en la desembocadura del río Shat el-Arab.

La gira de la dirigente demócrata por Medio Oriente y el nivel y tenor de las reuniones que mantuvo, constituyen la segunda prueba de que, desde hace semanas, la Casa Blanca y el Congreso están librando una batalla por el control del poder. Y en esa batalla, el presidente Bush aparece cada vez más debilitado.

El primer signo de tal debilidad fue la emigración del gobierno de los exponentes más extremistas del ala “neocons”, la última ola de la derecha americana. Desde la caída de Donald Rumsfeld y el cono de sombra que cubrió al vicepresidente Dick Cheney tras la condena judicial a su mano derecha, Lewis Lobby; hasta la salida del poder de ideólogos como Richard Perle, Douglas Feith, David Frum, Kenneth Adelman, Michael Rubin y John Bolton.

El segundo signo fue la autonomía de vuelo que adquirió la secretaria de Estado Condoleezza Rice, partidaria de pasar de la acción militar a la negociación diplomática.
El acuerdo con el régimen norcoreano de Kim Jong Il es el primer fruto de ese giro en la política exterior. El segundo fue la participación de Irán y Siria en la Conferencia sobre Irak que se desarrolló en Bagdad.

Si el ala dura estuviera en pié, la secretaria Rice nunca habría podido dar esos pasos hacia posiciones moderadas.


Posiblemente, fue ella la que presionó para que las tropas norteamericanas que ocupan Irak liberen a uno de los cinco diplomáticos iraníes capturados en Erbil por infiltrar armas y explosivos, para facilitar la liberación de los marines británicos por parte de Irán.

Si los “neocons” hubieran estado fuertes, la crisis entre Londres y Teherán hubiera sido la excusa para bombardear Boucher, Natanz, Izfahán y Arak con el objetivo de retrasar por lo menos una década el programa nuclear iraní.

Pero las más contundentes señales de que hoy en Estados Unidos el poder político tiene dos cabezas que piensan y actúan diferente, fue el viaje de Nancy Pelosi y su reunión con el líder sirio, a renglón seguido de que los legisladores paralizaran la actual política en Irak, al condicionar el presupuesto militar a que las tropas salgan del país árabe en cuatro meses.

Dejá tu comentario