Extremismo indigenista

*La radicalización está apoderándose de las comunidades indígenas andinas.
*La existencia de la milicia Ponchos Rojos, tolerada por el gobierno en Bolivia, es uno de los signos más alarmantes.

Perú, Bolivia y Ecuador constituyen el espacio andino donde la ancestral marginación que sufren los pueblos indígenas se ha convertido en un volcán en erupción, porque la miseria y postergación engendraron un extremismo sumamente activo que ha logrado ponerse a la vanguardia de las convulsiones sociales.

En Perú

En la última elección peruana, conservadores debieron sumar sus votos a los de sus adversarios apristas para que Alán García, apenas por un puñado de votos, impidiera que el ex militar golpista Ollanta Humala se convirtiera en presidente. De todos modos, como segunda fuerza nacional quedó el Partido Nacionalista de Humala, que representa al etnocacerismo.



Esta ideología extremista fue creada por el padre del candidato, Isaac Humala, retomando la idea de revolución indígena que impulsó el fundador del Partido Comunista, José Carlos Mariátegui, y que inspiró a la guerrilla maoísta Sendero Luminoso, de Abimael Guzmán y Osman Morote.



A ese revolucionarismo indigenista, Isaac Humala agregó el ideario ultranacionalista y antichileno del mariscal Andrés Cáceres, héroe en la Guerra del Cobre y presidente del Perú a fines del siglo XIX.



El etnocacerismo fue una ideología marginal y débil durante medio siglo, sin embargo quedó en posición de ganar la próxima elección peruana. Y la única posibilidad de que eso no ocurra es que el presidente Alán García logre mejorar sustancialmente la vida de las comunidades indígenas y de los pobres en general.

En Bolivia

Donde más claramente se ve al extremismo indigenista a la ofensiva es en Bolivia. A pesar de que, hasta aquí, Evo Morales ha dado signos de poder ser un presidente pragmático piloteando un proyecto nacionalista, indigenista y distribucionista moderado, su voluntad de pragmatismo y moderación está cercada por dirigentes de tendencias extremistas. Los principales son el vicepresidente Alvaro García Linera y el dirigente comunitario Felipe Quispe.


 


Perú, Bolivia y Ecuador constituyen el espacio andino donde la ancestral marginación que sufren los pueblos indígenas se ha convertido en un volcán en erupción,     

La muestra más clara de esa tensión está en el fortalecimiento de la organización armada Ponchos Rojos. Esta milicia indígena surgió en la década del ochenta, impulsada por Felipe Quispe con el objetivo de generar un movimiento revolucionario aymara para reconstruir el Jacha Uma Suyu -el gran territorio de las aguas-, uno de los últimos estados indios precolombinos.



El uniforme de esta milicia es el “hayruru” (poncho rojo con listas negras) que tradicionalmente en el pueblo aymara usan los ancianos, los caciques y los hombres sabios de las tribus.



Fueron milicianos ponchos rojos los que atacaron a una columna del ejército en Warisata, en la batalla que inició la caída del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada en el marco de la “guerra del gas”. Y en  esta organización armada con viejos fusiles checos se originó la guerrilla Tupac Katari, en la que militó con alto rango el actual vicepresidente García Linera.



La milicia Poncho Rojo domina la provincia de Omasuyo -a ochenta kilómetros de La Paz- y Evo Morales no da señales claras sobre la política que implementará al respecto.
Por un lado, anuncia un plan de desarme que le ofrece a los Ponchos Rojos alimentos a cambio de que entreguen sus armas; pero por otro lado exhorta a los milicianos a que estén en guardia, junto al ejército boliviano, para luchar contra el separatismo oriental si los departamentos de Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija proclaman la secesión.


 


Aún no está claro si los sectores moderados del gobierno podrán contener al ala oficialista que lidera el vicepresidente y al movimiento  pro-gubernamental que lidera Felipe Quispe, o si el propio Evo Morales terminará oficializando la existencia de la milicia indígena.

En Ecuador

El otro punto de Sudamérica donde grupos extremistas están apunto de liderar las postergadas comunidades indígenas es Ecuador. Y la radicalización podría darse desde el propio gobierno.



Ocurre que el presidente Rafael Correa no tiene ningún margen para defraudar a las organizaciones indígenas radicalizadas, porque le ocurriría lo mismo que le ocurrió al ex presidente Lucio Gutiérrez.



Repitiendo los hechos que encumbraron a Chávez en Venezuela, el coronel Gutiérrez encabezó una rebelión militar contra el entonces presidente Jamil Mahuad, fue a la cárcel por ese intento golpista, y luego de recuperar la libertad encabezó el movimiento nacionalista que lo convirtió en presidente.


 


El otro punto de Sudamérica donde grupos extremistas están apunto de liderar las postergadas comunidades indígenas es Ecuador.

Pero el principal apoyo de Gutiérrez en su trayecto al poder fueron las organizaciones indígenas. Ellas esperaban un gobierno que transformara en profundidad la sociedad, rescatando de la miseria y la exclusión a la mayoría indígena. Pero como el presidente Lucio Gutiérrez optó por un gobierno de políticas moderadas, perdió el apoyo de sus bases y terminó cayendo del poder.



Rafael Correa, cuya personalidad tiene un costado chavista y otro pragmático y moderado, sabe que para que su gobierno no corra la misma suerte debe dar poder al liderazgo indigenista. ¿Podrá hacerlo sin deslizarse a una posición extremista?           

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