GALA ELUARD Y SALVADOR DALÍ

*El artista y su musa inspiradora vivieron una relación tan tormentosa con plena de pasión.

La vida de Salvador Dalí (1904-1989) cambió en 1929 cuando conoció a Gala Eluard (1894-1982), cuyo verdadero nombre era Helena Ivanovna Diakonova. Se vieron por primera vez cuando ella visitó Cadaques con su esposo, el poeta francés Paul Eluard, y su hija. Dalí estaba tan nervioso que no sabia que decirle y en los largos paseos de aquellos días muchas veces empezaba a reír nerviosamente. Aunque el se enamoro locamente enseguida, ella pensaba al principio que era «insoportable y antipático».



Ella se convertiría en el amor de Dalí y su inspiración como podemos ver en El gran masturbador (1929), que recoge precisamente las sensaciones de esos primeros paseos. Se casaron en 1934 y vivieron juntos cincuenta y tres años. Por este matrimonio, Dalí y su padre, quienes siempre habían tenido unas tensas relaciones, se dejaron de hablar.



La relación de Gala y Dalí fue complicada y basada más en el arte que en el amor, pues siempre se ha dicho que el autentico gran amor de Dalí fue García Lorca. Sin embargo, la indefinición sexual del genial artista y su miedo al sexo hicieron que nunca llegara a aceptar al poeta.

Dalí el voyeur

Gala, con su exhibicionismo y su sexualidad desinhibida, era un complemento perfecto al voyeurismo de Dalí, quien prefería la masturbación porque le asustaba la «suciedad» de las relaciones sexuales y tenia pavor a las enfermedades de transmisión sexual. De hecho, el vivía el sexo a través de las experiencias de ella…



«Gala se convirtió- dijo Dalí- en el momento de la catálisis fundamental de mi vida. Mi memoria visual y afectiva es transcendida por ella. Gracias a Gala, a su amor sentido y aceptado por mi, yo puedo concebir ese haz de imágenes y soy capaz de seleccionar las más fuertes, las de mayor calidad, y puedo decantar mi riqueza prodigiosa para fabricar el diamante de la realidad daliniana. Ella es indispensable para mí, porque gracias a ella puedo fabricar mi elixir, mi gozo y la sustancia de la fuerza que me permiten vencerme y dominar el mundo.»



Toda una declaración de amor… a una  mujer de personalidad muy complicada. Los que la conocían decían que en ella había cuatro mujeres: «una cenicienta rusa que soñaba con un príncipe, una parisina feliz con su estilo de vida y enamorada de su marido, una mujer frívola incentivada por Paul Eluard y una cuarta Gala, la de los últimos años con Dalí, que manejo el imperio del artista con calma de hielo ». Dalí  y Gala envejecieron mal. Ella, consciente de su declive, seguía mirando el mundo con su habitual altanería e injuriaba al pintor. El, cada vez más tembloroso, débil y encorvado sentía pánico de perderla y la agotaba. Cuando ella murió, el se precipito dramáticamente a la oscuridad y se convirtió en una sombra de si mismo. Estremece recordar aquella imagen del decrepito Dalí gritando contra la muerte: «¡Los genios no mueren!».


 


Fragmentos del libro "99 amores de la historia" de Alicia Misrahi.
Gentileza Editorial Sudamericana.

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