La desaparición de Basso en el momento más feliz del club
La euforia de miles de simpatizantes sanlorencistas que pugnaron este miércoles por la compra de plateas -sólo quedan tres mil populares para mañana-, la fiesta anticipada por el inminente título del Clausura y la picardía del técnico Ramón Díaz con el regalo de una camioneta 4x4 al plantel, hizo pasar casi inadvertida la muerte de Oscar Basso.
El legendario defensor de San Lorenzo campeón de 1946 que consagrara al "Terceto de Oro" integrado por Armando Farro, René Pontoni y Rinaldo Martino, falleció hace seis días a la edad de 86 años.
Basso brilló durante una década y fue titular hasta avanzados los años 50, cuando San Lorenzo tuvo en las inferiores a José Francisco Sanfilippo y Carlos Bilardo entre otros que alcanzaron fama.
Fue además el primer secretario de Agremiados y capitaneó la huelga de 1948. La primera medida de fuerza que se le hizo al gobierno de Juan Domingo Perón, que había ganado las elecciones en febrero del 46.
Entre las tantas cosas que se escribieron durante el fin de semana, hubo una carta de lectores del diario La Nación con un testimonio inédito, que destacó a Basso como uno de los jugadores más limpios del medio.
En 1946, un niño de 9 años padecía leucemia y su vida se apagaba. Era fanático de San Lorenzo y el caso llegó a oídos de Basso. El testimonio pertenece al hermano de aquel chico.
En pleno campeonato el jugador empezó a visitar al enfermo casi a diario y con él desfilaron en la casa paterna Farro, Pontoni, Martino y Angel Zubieta, el "Vasco" que no pudo regresar a España por la guerra civil.
La felicidad del pequeño remitía a los comentarios de los partidos, a cargo de los propios jugadores. A seis décadas del recordado gesto, todavía conmueve la solidaridad de aquellos futbolistas.
La muerte de Francisco Pico Estrada, así se llamaba el niño, fue inevitable, pero Basso logró que las horas del final "fulminante", según describió el autor de la carta, no fueran tan desdichadas.
Basso no solamente no golpeó a sus adversarios en una cancha sino que siempre "se hizo cargo de todo", según coincidieron en señalar muchos de los protagonistas de aquel otro tiempo inolvidable de la vida de San Lorenzo.
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