Los giros norteamericanos y la crisis en Israel

*Lo significativo del encuentro entre Condoleezza Rice y el canciller de Siria.
*Las posibles consecuencias del sismo político que sacude al gobierno israelí.

La reunión de Condoleezza Rice con el canciller de Siria, Walid Moalem, debió eclipsar a todas las demás noticias ocurridas en el Oriente Medio. Pero el eclipse no fue total porque en Israel parece estar a punto de caer el gobierno que encabeza Ehud Olmert

El encuentro de la secretaria norteamericana de Estado con su colega sirio parece tan auspiciosa como el marco en el que se produjo: la reunión de cincuenta países en el balneario egipcio de Sharm-el- Seij, en la primera iniciativa internacional de gran porte para rescatar a Irak del infierno en el que se ha hundido.

Que Washington haya por fin dejado de lado su negativa a dialogar con Siria, muestra el peso que ha ganado Condoleezza Rice desde que el vicepresidente Dick Cheney y el ala extremista de la administración republicana perdieron el control que tenían sobre la Casa Blanca.

Estados Unidos tuvo pésimas relaciones con el autoritario régimen de Hafez el Assad. Pero cuando éste murió y las facciones del poder tuvieron que repatriar de Londres a Bashir, hijo menor que en la capital británica se dedicaba a la oftalmología y no quería saber nada con la política de su atribulado país, las relaciones entre Washington y Damasco se restablecieron.

Sin embargo la muy razonable sospecha de que los servicios de inteligencia sirios estuvieron detrás del asesinato del líder libanés antisirio Rafic Hariri, provocó un nuevo rompimiento, a pesar de que la CIA estima que el presidente no tuvo que ver con el magnicidio en Beirut, ya que Bashir el Assad nunca logró controlar todos los resortes del poder.

Por eso el acercamiento iniciado por Rice es positivo, no sólo porque puede ayudar a cerrar la frontera de Siria al paso de terroristas suicidas que van a Irak a detonarse contra blancos civiles. También porque el régimen sirio está surcado de pujas entre facciones, con fracturas internas cada vez más difíciles de maquillar. Y en semejante circunstancia, lo internacionalmente sensato es fortalecer a un presidente que, amén de su debilidad política, representa al sector más moderado del régimen baasista.

Posiblemente, también el gobierno israelí interpretaría que, estando Siria económicamente mal y políticamente conflictuada, la ocasión puede ser propicia para tender puentes a Bashir el Assad antes de que las facciones más duras y extremistas se adueñen por completo del régimen baasista y terminen de convertir el país en un satélite de Irán.

El problema es que el sismo político que se desató en Israel amenaza con reducir a escombros el gobierno del partido Kadima, o provocar la renuncia de Ehud Olmert y su reemplazo por la canciller y viceprimer ministra Dzipi Livni.

Al tembladeral lo provocó el Informe Winograd, aunque esta investigación sobre las causas y consecuencias de los errores cometidos en la guerra contra Hizbolá, el año pasado, no hace más que confirmar lo que denunciaron cientos de oficiales y soldados que, a penas terminó el conflicto, elevaron sus voces indignadas contra las autoridades que condujeron las operaciones israelíes en el Líbano.

Estuvo claro desde un primer momento que el general Dan Halutz había cometido graves errores estratégicos y tácticos.

Incluso estas fallas de conducción empezaron a ser visibles a la segunda semana de acciones militares, convirtiéndose en evidentes cuando, a pocas horas de aplicarse el cese de hostilidades, los milicianos continuaban lanzando sus misiles Katiushka sobre la Alta Galilea y ciudades más alejadas como Hebrón.

Cuando los combates cesaron, estaba claro que Hizbolá conservaba buena parte de su poder de fuego, así como también que la milicia fundamentalista chiíta había ganado la batalla librada en la opinión pública mundial a través de los medios de comunicación.

A renglón seguido se sumaron las voces de soldados y oficiales denunciando fallas logísticas así como también falta de equipos y de preparación, mientras el Mossad debía dar cuentas de sus errores de cálculo y las fallas en su información sobre la ubicación de las baterías misilísticas del enemigo.

¿Por qué entonces tanta crisis frente a un resultado tan predecible? Porque los meses pasaron y los dos soldados que secuestró Hizbolá desatando el conflicto aún no fueron liberados. Si los efectivos capturados hubieran regresado a sus hogares, entonces la percepción sobre el resultado de la guerra no sería tan lapidario.

De todos modos, lo sorprendente es que la Comisión Winograd se haya pronunciado en términos tan duros contra el general Dan Halutz, el primer ministro Olmert, y el titular de Defensa, Amir Peretz.

Si aquellas asambleas de soldados y oficiales llamaron la atención como ejemplo de democracia en una región de regimenes autoritarios, también es señal democrática que el propio gobierno haya designado a la comisión investigadora que ahora lo pone al borde de la dimisión.

Tal vez, Olmert logre que sus legisladores salven al gobierno del colapso final, o tal vez con Dzipi Livni reemplazándolo, el partido Kadima, que fundó Ariel Sharon cuando giró hacia posiciones menos intransigentes y más negociadoras, logre sobrevivir en el poder evitando una convocatoria a elecciones anticipadas.

Pero si el gobierno finalmente cae y los comicios se adelantan, las encuestas vaticinan el triunfo de Benjamín Netanyahu, el líder del ala más dura del Likud, quien de llegar al poder congelaría los diálogos con los palestinos y sepultaría los sondeos sobre negociaciones con Siria, del mismo modo que lo hizo cuando llegó al poder tras el asesinato de Yitzhak Rabin.

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