Los hijos de Al-Qaeda

*Los coches bomba que dejaron decenas de muertos en la capital de Argelia, confirman que el escenario principal del accionar terrorista estará, de ahora en más, en Europa y el Norte de África.
*¿Qué es el salafismo? ¿Cuál es su parentesco ideológico y religioso con el tipo de islamismo que profesa Osama Bin Laden?

La masacre perpetrada en Argelia con coches bomba le recuerda al mundo que el más peligroso de los hijos de Al-Qaeda está en el norte de Africa. Y desde allí, en particular desde Marruecos y Argelia, atormentará a Europa centrando su jihad (guerra santa) contra España, para quitarle Andalucía y reconstruir Al-Andaluz, y contra Francia, a cuyo colonialismo acusa de haber adulterado y humillado el Islam.

El último atentado con coche-bomba en Argelia fue en 1995 y lo perpetró el GIA (Grupo Islámico Armado), brazo terrorista del FIS (Frente Islámico de Salvación), el partido fundamentalista que fue proscripto tras ganar las elecciones legislativas de 1991.

La guerra civil que estalló en Argelia por aquel golpe de Estado contra la victoria electoral fundamentalista, fue sangrienta y en sus trincheras surgieron, como una degeneración del FIS, los Grupos Salafistas de Predica y Combate (GSPC), que pronto hicieron metástasis en Marruecos, Mali, Mauritania, Túnez y Libia, país donde intentaron varias veces asesinar a Muhamar Jadafy.

El salafismo es una de las vertientes islámicas más estrictas y aferradas al origen de esa religión. La palabra árabe “salaf” significa ancestros o predecesores, haciendo referencia a las primeras generaciones de musulmanes.

Por eso, en su intento de volver a lo que considera “el Islam verdadero”, el salafismo parte de suponer que la evolución del islamismo y el desarrollo de su historia a lo largo de los siglos, significan una desviación. Ergo, los salafistas sólo consideran “verdadero” el Corán, la palabra del profeta Mahoma, y los dichos y acciones de los tres primeros grandes califas: Abú Bakú, Otmán y Omar. Todo lo demás es falsificación y desviación.

De este modo, el salafismo constituye la contracara del sufismo y de su versión más radical, el marabutismo, vertientes islámicas heterodoxas que apuntan a contener diversidad. Por eso predicó contra estas visiones abiertas del Islam Allal al-Fasi, ideólogo salafista y creador en Marruecos del Partido Istiqlal, la matriz donde se formaron los grupos que luego degenerarían en terroristas.

El wahabismo, la vertiente islámica creada en el siglo 18 por Muhamad bin Abd al Wahab, es el hermano saudita del salafismo norafricano; ya que los wahabitas también predican un retorno al “Islam puro” y desprecian todas las teologías coránicas posteriores a Mahoma y los tres primeros califas.

Por eso nació en Arabia saudita la mayor y más letal de las organizaciones terroristas wahabitas: Al-Qaeda.


Los Grupos Salafistas de Prédica y Combate del Norte de África surgieron y actuaron durante años sin tener vínculos con la organización ultrafundamentalista que preside Osama Bin Laden.
Pero el año pasado reconocieron la hermandad ideológica y teológica entre salafismo y wahabismo, decidiendo por propia voluntad convertirse en los hijos adoptivos de Bin Laden. Desde ese momento, cambiaron su nombre por el de Al-Qaeda del Magreb Islámico.

El vínculo venía desde antes. De hecho, a la masacre del 11-M en Madrid la organizaron los salafistas marroquíes con apoyo económico de Al-Qaeda. Pero era una relación de socios ocasionales; mientras que, desde setiembre del año pasado, los salafistas de Argelia y Marruecos están subordinados a la organización de Osama Bin Laden.

Al Qaeda tiene muchos hijos, y todos igualmente sanguinarios. Por ejemplo, el grupo Abú Sayef en Filipinas; el Jemá Islamiya en Indonesia y las organizaciones Abú Haf al-Masri y Jemá Islamiya al-Arabiya, en Egipto.

Pero de todos sus feroces hijos, los que serán la vanguardia terrorista en los próximos años serán los salafistas del Norte de Africa. Esos grupos que esta semana cometieron la masacre en Argel, serán el brazo con el que Al-Qaeda intentará alcanzar los objetivos de recuperar el sur de España  y Jerusalén.

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