MANO A MANO
*Hoy un poco de música ciudadana de principio de siglo para recordar historias de amor de guapos y milongueros.
“Mano a mano” es un tango que escribió Celedonio Flores con música de Carlos Gardel y José Razzano. “Rechiflao en su tristeza” el protagonista le canta a la mujer que lo quiso como a nadie, pero se cansó de la pobreza y lo dejó.
El reclamo de varón… “Tener el mate lleno de infelices ilusiones”, y entregarse a una vida mundana de amigas, milonga y magnates donde “la vida te ríe y canta”.
Dicen los que saben que esta frase suena distinto según sea el intérprete que canta el tango, cada uno le cambia un poco el sentido y lo hace más o menos dramático. Cuando Carlos Gardel dice “la vida te ríe y canta”, su queja no es tal y deja entrever que hasta la comprende, Julio Sosa hace fluir las palabras y un poco le enrostra a la mina su frívolo abandono, en cambio el Polaco Goyeneche, le imprime su sello único, y carraspeando cada palabra, nos hace retorcer de nostalgia, melancolía y bronca.
(Podés escuchar los audios de estas versiones clickeando abajo de la foto)
Igualmente - y a pesar de la historia que cuenta-, este no es el típico tango que canta el hombre solo y triste desde el conventillo.
En “Mano a mano” el protagonista saca a relucir su varonería y no nada llorando por los rincones, está orgulloso de poder bancarse la pobreza, sabe que no le debe nada a la mina, su lealtad dejó todo pago, inclusive alguna "alguna deuda chica que sin querer se le ha olvidado".
“Mano a mano hemos quedado”, le dice explícitamente dándole nombre al tango, y enseguidita le anuncia drásticamente que sus “pobres triunfos pasajeros” van a terminar “mañana cuando seas descolado mueble viejo”, y no le queden “esperanzas en el pobre corazón”.
Y en ese momento, asegura el varón tanguero, cuando ya nadie la quiera, “acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo pa´yudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión”.
Mano a Mano (1920)
Autor: Celedonio Flores
Música: Carlos Gardel y José Razzano
Rechiflao en mi tristeza, hoy te evoco y veo has sido
en mi pobre vida paria sólo una buena mujer;
tu presencia de bacana puso calor en mi nido,
fuiste buena, consecuente, y yo se que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.
Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión;
hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
los morlacos del otario los tirás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón.
Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones:
te engrupieron los otarios, las amigas, el gavión;
la milonga entre magnates con sus locas tentaciones
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones
se te ha entrado muy adentro en el pobre corazón.
Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado
no me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás;
los favores recibidos creo habértelos pagado si alguna deuda chica
sin querer se me ha olvidado en la cuenta del otario que tenés se la cargás.
Mientras tanto que tu triunfos, pobres triunfos pasajeros,
sean una larga fila de riquezas y placer;
que el bacán que te aclama tenga pesos duraderos,
que te abrás en las paradas con cafishios milongueros,
que digan los muchachos: "Es una buena mujer".
Mañana, cuando seas descolado mueble viejo
no tengas esperanzas en el pobre corazón,
si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo
pa´yudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión.
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