Se terminó la yapa. La decisión llegó tarde, muy tarde, pero llegó. Julio César Grassi está preso para cumplir los 15 años de cárcel que le impusieron por el abuso sexual de un joven en dos oportunidades.
Y la condena, no es una condena más. Fue ratificada en tres instancias: Tribunal Oral, Cámara de Casación y Suprema Corte Bonaerense.
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Es cierto que le queda una posible revisión de la Corte Nacional. Pero también es cierto que su presunción de inocencia está prácticamente derribada. Si el caso se hubiese manejado como la mayoría de los casos, Grassi tendría que haber ido preso mucho antes.
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Era inexplicable que mantuviera la libertad con tres sentencias en su contra. Con su no detención, cobró fuerza otra vez el debate de si hay una justicia para ricos y otra para pobres. Y a tal punto interesó el debate que los jueces del Tribunal 1 de Morón, así lo plasmaron. "Se procede a la inmediata detención de Grassi en el entendimiento que una decisión en contrario, a esta altura, sería de alta gravedad institucional e impediría restablecer la vigencia de las normas y la confianza en la justicia, de modo particular en la premisa volcada por el convencional constituyente original en el preámbulo".
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Ni más, ni menos, lo que dijeron los jueces es que todos somos iguales ante la ley. Ahora lo que falta es que la Iglesia se decida a expulsar de sus filas a un cura condenado por pedófilo.
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