Milagro irlandés

*Las fuerzas más extremistas de los bandos católico y protestante, acaban de acordar un gobierno compartido.
*Origen y fin de uno de los conflictos más violentos de Europa.

Hasta ahora, cuando se habla de “milagro irlandés” se hace referencia al formidable despegue económico que llevó a la eternamente retrasada República de Irlanda hasta los niveles europeos de vida y producción. Sin embargo, de ahora en más, es posible que la idea de “milagro” se utilice también para denominar el histórico y copernicano giro político de Ulster.

Cuando los católicos republicanos liderados por Collins y De Valera lograron, en la década del 20 del siglo pasado, que Irlanda se convierta en una república independiente con Dublín como capital, empezaba a materializarse el antiguo sueño de ese pueblo devoto de San Patricio,
cuyas ansias de independencia los hizo blanco de sangrientas represiones desde los tiempos de Oliverio Cromwell.

Pero los seis condados del norte permanecieron unidos a Inglaterra, debido a que, durante siglos, Londres había promovido la inmigración galesa, inglesa y escocesa a esa región conocida como Ulster.

Por eso los protestantes superaban numéricamente a los católicos de Irlanda del Norte, manteniéndola como provincia inglesa. Razón por la cual, los católicos norirlandeses recrearon el IRA (Ejército Republicano Irlandés) y su brazo político, el partido independentista Seinn Fein, que en la antigua lengua irlandesa significa “nosotros mismos”.

Desde hacía décadas, los partidos moderados de los católicos y de los protestantes negociaban entendimientos para imponer la paz; pero esas negociaciones siempre fracasaban.

Las ciudades de Belfast y Londonderry estaban divididas por un verdadero apartheid y, esporádicamente, se convertían en campos de batalla. Este conflicto hundió  a los norirlandeses en el retraso económico. Pero la situación empezó a cambiar cuando la vecina República de Irlanda abandonó su viejo modelo económico, iniciando el período de prosperidad que perdura en la actualidad.

Desde entonces, los gobiernos de Dublín comenzaron a presionar al IRA y al Seinn Fein para que moderen sus objetivos independentistas. El gobierno norteamericano de Bill Clinton y la comunidad irlandesa de los Estados Unidos, sumaron sus presiones para el cambio de posición de los católicos; mientras el primer ministro Tony Blair presionaba a los protestantes para que también ellos cedieran posiciones y accedieran a un régimen autonómico cogobernado por católicos y protestantes.

El gran salto hacia la pacificación comenzó con el llamado “Acuerdo del Viernes Santo”, alcanzado en el castillo Stormont (donde funciona la Asamblea legislativa), que estableció como objetivo el desarme de las milicias de ambos bandos y la conformación de un Estado autónomo dentro de Gran Bretaña.

Pero las dificultades se mantuvieron, retrasando la autonomía y el desarme, hasta que los partidos moderados fueron desplazados por las fuerzas radicalizadas. Y lo que parecía el fin del proceso de paz fue, por el contraio, el avance a su consolidación definitiva.

Esas fuerzas radicalizadas eran el Partido Unionista Democrático, del lado protestante, y el Seinn Fein, del lado católico. Ambos eran expresiones políticas de las organizaciones armadas que protagonizaban el conflicto. Sin embargo, fueron sus dirigencias extremistas las que emprendieron el trayecto final en la pacificación, al aceptar convivir en un mismo gobierno.

El reverendo Ian Paisley, ministro de la iglesia Plesbisteriana Libre del Ulster y fundador en 1971, junto con Desmond Boal, del Partido Unionista Democrático, proponía desde la década del cincuenta la expulsión de la minoría católica de Shainkill Road, el enclave protestante de Belfast. Además sostenía que los papas son el “anticristo” y que los católicos no son cristianos. Y cuando le preguntaban si alguna vez negociaría con el Sinn Fein, respondía gritando “never, never, never” (jamás, jamás, jamás).

Pues bien, Ian Paisley acaba de aceptar la conformación de un gobierno conjunto con sus archienemigos, en el que él será el primer ministro y su segundo será nada menos que Martin McGuiness, quien fue comandante militar del IRA antes de pasar a liderar, junto con Gerry Adams, el brazo político de la guerrilla.

Tiempo atrás, nunca nadie hubiera imaginado que las dos dirigencias que encarnaban el odio acérrimo entre católicos y protestantes, terminarían conviviendo en un gobierno cuyas dos máximas autoridades son Ian Paisley y Martin McGuiness.

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