Madrid se prepara para la beatificación de Álvaro del Portillo, quien estuvo al frente del Opus Dei
Álvaro del Portillo, sucesor de san Josemaría Escrivá al frente del Opus Dei, fue declarado beato por el papa Francisco. Este sábado será la ceremonia de beatificación en Madrid a la que se calcula que asistirán alrededor de 150.000 personas. Además, el 1º de octubre Francisco realizará una audiencia especial en Roma.
En una ceremonia que promete ser imponente y familiar a la vez, el cardenal Angelo Amato -enviado especial del Papa Francisco- presidirá la beatificación de Mons. Álvaro del Portillo, sucesor de san Josemaría Escrivá al frente del Opus Dei, en Madrid. Se estima que alrededor de 150.000 personas provenientes de 80 países dirán presente mañana a las 12, hora de España; entre ellos, unos 2000 argentinos que viajaron especialmente para la ocasión.
Hijo de una mexicana y un español, Álvaro del Portillo nació en Madrid el 11 de marzo de 1914 siendo el tercero de ocho hermanos. Graduado como ingeniero y luego de haber trabajado en diversas entidades estatales, se incorporó en 1935 al Opus Dei, que había sido fundada siete años antes por san Josemaría Escrivá de Balaguer. Recibió directamente del fundador la formación y el espíritu propios de aquel nuevo camino en la Iglesia. Desarrolló una amplia labor de evangelización entre sus compañeros de estudio y trabajo y, desde 1939, realizó un intenso apostolado por diferentes ciudades de España.
El 25 de junio de 1944 fue ordenado sacerdote por el obispo de Madrid, Mons. Leopoldo Eijo y Garay, junto con José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz: eran los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, después del fundador. Estrecho colaborador y confesor personal de san Josemaría, durante sus años en Roma, los Papas, desde Pío XII hasta Juan Pablo II, lo llamaron a desempeñar numerosos encargos, como miembro o consultor de la Santa Sede, participando activamente en el Concilio Vaticano II.
La vida de Álvaro del Portillo está estrechamente unida a la del fundador, colaborando con san Josemaría en las tareas de evangelización y de gobierno pastoral. Permaneció siempre a su lado hasta el mismo momento de su muerte, el 26 de junio de 1975, cuando fue elegido para sucederlo al frente del Opus Dei. El 28 de noviembre de 1982, cuando san Juan Pablo II erigió el Opus Dei en prelatura personal, lo designó Prelado de la nueva prelatura. Ocho años después, el 7 de diciembre de 1990, lo nombró obispo y, el 6 de enero de 1991, le confirió la ordenación episcopal en la basílica de San Pedro. Mons. Álvaro del Portillo falleció en Roma en la madrugada del 23 de marzo de 1994, pocas horas después de haber celebrado su última misa en la iglesia del Cenáculo de Jerusalén.
"Fue un sacerdote celoso, que supo conjugar una intensa vida espiritual fundada sobre la fiel adhesión a la roca que es Cristo, con un generoso empeño apostólico que lo convirtió en peregrino por los cinco continentes, siguiendo las huellas de san Josemaría", lo definió el Papa Francisco en marzo de este año, recordando los viajes pastorales del nuevo beato que lo llevaron a los cinco continentes, predicando a miles de personas el amor a Dios, a la Virgen, a la Iglesia y al Papa.
Precisamente es ésta sólida fama de santidad la que dio inicio a la causa de beatificación; devotos de todo el mundo estaban convencidos de que era una persona santa e invocaban su intercesión con el objeto de obtener favores del Cielo. Así el decreto sobre las virtudes heroicas promulgado por la Congregación para las Causas de los Santos el 28 de junio de 2012 da un juicio positivo sobre su santidad de vida.
Y es la historia del niño chileno José Ignacio Ureta Wilson la que elevó a Don Alvaro –como se lo conoce- a los altares: siendo un bebé, con daños cerebrales y otras patologías, sufrió un paro cardiaco de más de media hora y una hemorragia masiva. Fue un 2 de agosto de 2003. Sus padres rezaron con gran fe a través de la intercesión de Mons. Álvaro del Portillo y, cuando los médicos pensaban que el bebé estaba muerto, de modo totalmente inesperado, el corazón del recién nacido comenzó a latir de nuevo, hasta alcanzar el ritmo de 130 pulsaciones por minuto. Volvió de la muerte, según declaró el médico no creyente. José Ignacio no solo continuó viviendo, sino que hoy lleva una vida normal.
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