Anders Breivik: de niño sin problemas a sanguinario asesino
El asesino de 77 personas en Oslo fue condenado a 21 años de prisión, pena máxima en Noruega, pero esa sentencia puede ser prorrogada por tiempo indefinido. El criminal ultraderechista nunca mostró arrepentimiento.
Andrés-Behring-Breivik
El mensaje se quedó sin respuesta y el padre no logró obtener ante la justicia la custodia de su hijo. Pasado este episodio, la infancia de Anders Behring Breivik parecía seguir un camino lineal y sin problema particular. El adolescente, que pasa por un periodo hip hop, retomará el contacto con su padre después de unos problemas con la policía por hacer unas pintadas.
Dejó el liceo sin terminar su escolaridad, supuestamente para dedicarse a una carrera política. Adhirió al movimiento de los jóvenes del Partido del Progreso (FrP), una formación de la derecha populista antiinmigración en el que tomó responsabilidades locales. Unos diez años después se salió de ese partido, al considerarlo demasiado abierto a las "esperas multiculturales" y a los "ideales suicidas del humanismo".
Un "lobo solitario"
Durante el juicio, algunas de las personas que fueron amigas del asesino lo describieron como una persona sociable, inteligente e incluso tolerante, muy preocupada por su aspecto, pero totalmente aislado a partir de 2006.
Si bien sus críticas al islam, al multiculturalismo y al "marxismo multicultural" son recurrentes, Breivik se define él mismo como un "militante nacionalista", conservador, pero no racista, que se sacrificó para proteger a los noruegos en contra de la desintegración del país. A los jueces, afirmó ser "alguien muy simpático en tiempos normales".
El 22 de julio de 2011 en la isla de Utoya mató sin embargo fríamente a 69 personas, en su mayoría adolescentes, lo cual le convirtió en el autor del tiroteo más sangriento perpetrado por un solo hombre. Poco antes había asesinado a otras ocho personas al hacer estallar una camioneta bomba en el barrio de los ministerios en Oslo.
Fueron actos "atroces pero necesarios", según él, y que parece haber perpetrado solo después de haberlos planeado durante mucho tiempo. Según su manifiesto, Breivik entró en 2002 en una cruzada ideológica en los "Caballeros Templarios" -una organización cuya existencia la policía nunca logró probar- y decidió entrar en acción ya a fines de 2009.
Este hombre, de una cortesía desconcertante, empezó entonces a preparar en detalle los ataques más sangrientos cometidos en Noruega desde la Segunda Guerra Mundial, con cuidado para no levantar sospechas.
Es el ejemplo tipo del "lobo solitario" que vive recluido en el apartamento de su madre, antes de mudarse a una granja alquilada para poder adquirir discretamente el abono necesario para fabricar su bomba. "A mí me parecía una persona común y corriente, el hombre que pasa desapercibido", declaró un vecino de su madre a la AFP al día siguiente de la matanza.
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