*Alguien tendría que pedirle al cocinero que pare de mezclar los horrores de la dictadura con las instancias de un juego como “Gran Hermano”. *¿Sabrá que está en el mismo canal que gana premios por la altura con la que abordó el tema en “Montecristo”?
Si te digo “está jugando”, de inmediato pensás en “Gran Hermano”. El juego es parte de los atractivos del formato creado por el holandés John De Mol y convertido un éxito planetario. En consecuencia, está muy bien que los participantes jueguen. Pero, como casi todo en la vida, el juego tiene límites. Aunque algunos de los participantes de “GH famosos” no quieran respetarlos.
En la mezcla de realidad y show propia del ciclo, algunos creen que es lícito banalizar el horror de la tortura y los crímenes cometidos durante la última dictadura militar en la Argentina. Bajo el paraguas del juego y en su afán de hacerse notar, al cocinero Nino Dolce no le tembló la lengua para sembrar, entre sus compañeros de encierro y ante millones de espectadores, la sospecha de que uno de los participantes del reality, Luis Vadalá, habría sido un represor. “¿A cuántos se habrá cargado?”, preguntaba. Y puesto a alimentar la hoguera que encendió cuando Vadalá dijo haber pertenecido a la policía durante los años negros, arrojó en ella una palabra que provoca escalofríos: tortura. Todo eso sin ninguna prueba. Prueba que, si la tuviera, haría mejor en presentarla a la Justicia que en ventilarla en un reality.
Nino Dolce contó que su familia tuvo que irse del país durante la dictadura. Por eso, agregó, él no iba a sentarse a la mesa con un represor. Pregunto: si a él le constara la veracidad de su acusación, ¿no sería ése un motivo para abandonar el programa y no sólo la mesa? Pero no le consta. Y, en un acto de liviandad espeluznante, terminó “nominando” a Vadalá: “Por su nefasto pasado”.
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Desconozco la vida de Luis Vadalá antes, durante y después de la dictadura. Pero me niego a aceptar que en una país democrático y republicano a alguien se le puedan endilgar conductas delictivas del modo en el que lo hizo Dolce: alegremente, sin pruebas, y mezclando tamañas acusaciones con las instancias de un reality show. Porque para colmo del disparate, el cocinero manifestó que todo “le cerraba”: “Él es el que me clavó la espontánea”, dijo en alusión a Vadalá quien, dicho sea de paso, no había nominado espontáneamente a nadie.
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No conforme con haber encendido esa hoguera de tremendas acusaciones y banalización de los crímenes y la tortura, ahora Dolce busca apagarla con la misma frivolidad que utilizó para inflamarla: manoseando otra vez el tema, aunque esta vez en plan de retirada, durante la fiesta de los ’80 que se realizó el sábado último dentro de la casa.
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Como vemos a diario, la mayoría de los participantes de “G H Famosos” es gente bien dispuesta para saltar ante la mínima contrariedad. Sin embargo, nadie_ ni siquiera los que estuvieron a punto de agarrarse a trompadas con Nino Dolce por discusiones menores_ se ha molestado en ponerle un freno al lamentable show que montó en torno a los horrores de la dictadura.
Dada la situación y teniendo en cuenta que en todas las ediciones de “Gran Hermano” el aislamiento de los jugadores contempla excepciones (conversaciones telefónicas con sus familiares y visitas ocasionales), alguien podría aprovechar esas oportunidades para recordarle a Nino Dolce que en la Argentina, los delitos está tipificados en el Código Penal. Es decir, que sólo es asesino quien efectivamente mata; y torturador, el que de verdad tortura. Que, además, todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Que las sentencias son dictadas por los jueces y que los tribunales aún no han sido reemplazados por los confesionarios televisados.
De paso, también le podrían señalar a Dolce que, desde el punto de vista televisivo, no le hace ningún favor a Telefé al interpretar su numerito de ‘horror, papas fritas y good-show’ en el mismo canal que cosecha premios por “Montecristo”, la ficción que con tanta altura trató el tema de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.
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