Patología típicamente americana
*Las masacres en colegios y universidades constituyen una extraña modalidad de violencia, endémica en los Estados Unidos.
*En ocasiones anteriores, el debate apuntó a dos males que confluyen en estos raptos de locura criminal: el armamentismo civil sin límites y el lado oscuro de la sociedad de consumo: la disyuntiva éxito- fracaso.
Por Claudio Fantini
Hubo casos en otros países (la Argentina tuvo el suyo en una escuela patagónica), pero el fenómeno de los enajenados que masacran a sus compañeros de estudios es en mal endémico de la sociedad norteamericana. Por eso, cada vez que ocurre pone a todos en un estado de shock, disparando debates con la desesperada urgencia de determinar la causa de semejante flagelo.
En esos debates se señalan siempre dos cuestiones convergentes. Por un lado la legalidad de las armas de guerra y lo accesible que resultan para cualquier norteamericano. Y por otro lado, ciertas características del sistema americano de vida y de una cultura en la que la violencia ocupa un lugar importante.
Respecto al armamentismo de la sociedad, el mismo siempre es exitosamente defendido por un lobby oscuro y poderoso, la Sociedad del Rifle, evocando la propia historia del país para señalar que la lucha independista comenzó cuando la corona inglesa intentó desarmar a los ciudadanos de las trece colonias en América del Norte; y que la conquista del Oeste se concretó mediante por los pioneros a los que el Estado les daba tierras de los pueblos indígenas y rifles Winchester para que se defendieran.
Respecto al lado oscuro del sistema americano de vida, los debates merodean siempre la presión psíquica que ejerce sobre los jóvenes una sociedad regida por la disyuntiva “éxito- fracaso”.
En el capitalismo de la sociedad de consumo, la competencia sobrepasa los límites de lo tolerable. Ocurre que, además de poner a competir a los productos y las empresas, algo lógico en la economía de mercado, la sociedad de consumo desata una competencia atroz entre las personas; y en este marco se produce una frondosa variedad de desajustes síquicos, uno de los cuales se vería en los jóvenes que matan porque sí.
En “Los siete locos”, Roberto Arlt le hace decir al personaje principal, Remo Augusto Erdosain, que sólo mediante un gran crimen se puede justificar la existencia. Es la violencia de la mediocridad. O sea la que no tiene raíz en el hambre o la exclusión, sino en la existencia gris y monótona de los seres que se sienten derrotados.
A si como los jóvenes magnicidas norteamericanos buscan en un gran crimen la posibilidad de aparecer en los diarios, aunque sea por un horrendo y cobarde asesinato; la mediocridad de una existencia gris que se desarrolla en el marco de una sociedad desenfrenadamente exitista, lleva a otros al enajenamiento que se expresa mediante la masacre.
Seguramente, de confirmarse en que la Universidad de Virginia se expresó la misma patología que en el colegio de Columbine y en tantos otros centros de estudios, Estados Unidos entrará de nuevo en shock y abrirá los debates que repetirán el análisis de las causas mencionadas, a las que se suman la violencia en la televisión y los videojuegos. Y muy posiblemente, como en ocasiones anteriores el debate termine extinguiéndose sin producir cambio alguno; hasta que reviva con la próxima masacre.
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