Argentina, polarizada entre peronistas y antiperonistas
Por NA
- Con la instalación de Perón como líder de masas en 1945, Argentina vivió 43 años de democracia representativa y 18 años de proscripciones, persecuciones y dictadura.
- Desde 1955, año en que la "Revolución Libertadora" derrocó a Perón, el país quedó dividido y todo lo que representaba peronismo fue perseguido o apartado.
La llegada al poder de Juan Domingo Perón en 1946 cambió la historia argentina del siglo XX, que comenzó a transitar por un camino más sinuoso con la incorporación a la vida política de amplios sectores populares y la reacción de otros estamentos sociales ante esa nueva realidad.
Luego de los tres años de gobierno de Pedro Ramírez y Edelmiro Farrell que sirvieron como catapulta para el crecimiento político de Perón –primero como ministro de Guerra, luego de Trabajo y finalmente vicepresidente—, el entonces coronel se ganó el aprecio de los trabajadores y comenzó a cincelar su poder personal.
La interna abierta en el Ejército lo obligó a renunciar en 1945, un hecho que derivó primero en su detención en la Isla Martín García y luego en su rescate por parte de las movilizaciones populares del emblemático 17 de octubre.
Restituido Perón a su vida civil, conformó un partido que ganó las elecciones del 24 de febrero de 1946 contra una alianza de partidos denominada "Unión Democrática".
Perón junto a su compañera Eva Duarte edificó un gobierno de alto contenido nacionalista, estatista y de reparación de derechos sociales a las clases más abandonadas, sostén que le sirvió en 1951 para ser reelecto, tras haber modificado la Constitución Nacional permitiendo la opción de continuidad.
Pero la muerte de Eva Perón y la hegemonía justicialista en la política y la censura a los medios de comunicación fueron generando espacios de resistencia en las clases medias y altas, sobre todo en sectores de las propias Fuerzas Armadas.
El Gobierno de Perón fue derrocado en septiembre de 1955 por la autodenominada "Revolución Libertadora" encabezada por el general Eduardo Lonardi, luego de tener como antecedente un bombardeo sangriento a la Plaza de Mayo, en junio de ese año.
El país estaba dividido: todo lo que representaba peronismo fue perseguido o apartado, la misma dictadura asesinó a seguidores y generó en su seno una interna por el poder que encumbró tiempo después al general Pedro Aramburu a la Presidencia.
El peronismo fue proscrito por 17 años, el mismo tiempo que su líder debió vivir en el exilio y la recuperación de la democracia en 1958 fue para vivir una interna radical entre Arturo Frondizi (UCR Intransigente) y Ricardo Balbín (UCR del Pueblo).
Tras hacer un pacto con Perón, que empujo los votos justicialistas a su costa, Frondizi ganó los comicios con el 45 por ciento de los votos y planteó un Gobierno de tinte desarrollista que se extendió hasta 1962.
Jaqueado por lo militares, Frondizi intentó sostenerse en el poder habilitando al peronismo a las elecciones legislativas y provinciales de 1962, decisión que permitió al sindicalista Andrés Framini ganar los comicios de Buenos Aires.
Pero el dirigente textil nunca pudo asumir porque las Fuerzas Armadas lo imposibilitaron primero y luego decidieron cortar "por lo sano" y derrocar a Frondizi e instalar a José María Guido.
Luego de otras internas militares entre los que postulaban abrir un proceso democrático y los que no, se llamaron a nuevas elecciones en 1963 nuevamente sin el peronismo que esta vez acató la orden de su líder, que desde Madrid proclamó el voto en blanco.
De esta manera se convirtió en presidente el radical Arturo Illia con sólo el 25 por ciento de los votos y un 19 por ciento de sufragio en blanco: el más alto de la historia electoral.
El escaso poder limitó desde el inicio la gestión de Illia, quien fue preso de las ambiciones militares y de cierta complicidad civil que permitió en junio de 1966 el ascenso del general Juan Carlos Onganía, que a la cabeza de la "Revolución Argentina" mandó a guardar las urnas "por tiempo indeterminado".
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