¿Por qué hay motines de presos?
La trágica muerte de 32 presos en una cárcel santiagueña luego de un motín que terminó con colchones incendiados y personas asfixiadas en reclamo de “celeridad en las causas y mejores condiciones de detención”, pone en duda la efectividad del sistema penitenciario para prevenir estos hechos. Las víctimas eran, mayoritariamente, procesados sin condena, según publican diarios locales.
Al mismo tiempo, hay casos en los que los presos utilizan las revueltas carcelarias para realizar ajustes de cuentas entre distintas bandas, pero sin llegar a un levantamiento.
Un trabajo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) afirma que del total de los presos en la provincia de Buenos Aires sólo el 13 por ciento tiene una condena firme. El resto permanece en calidad de procesado en cárceles que tienen el doble de la población de lo permitido por la ley.
Radiografía de la vida en la cárcel
“Lo que pasa en la cárcel no se puede describir, la gente vive en condiciones infrahumanas, uno no deja de sorprenderse. Un preso estuvo 25 días en condiciones aislantes, haciendo sus necesidades en una botella que permanecía dentro de la celda, sin alimentos”, asevera Daroqui.
Otros casos algunos esconden las papas abajo del colchón para poder comer. “Los presos pasan hambre”, denuncia la especialista. Al mismo tiempo, es una queja común el maltrato a las visitas.
En su trabajo, el abogado Leonardo Filippini enumera las deficiencias en las cárceles e incluye “malas condiciones de habitación, heridos, malos tratos y malas condiciones edilicias”.
¿La cárcel resocializa?
En este contexto, los especialistas ponen en duda la capacidad del sistema penitenciario de reinsertar al delincuente a la sociedad y dicen que “de hecho se trata más de una venganza con el delincuente que de devolverlo a la sociedad”.
“La sociedad tiene que entender que los presos van a salir porque la mayoría tiene entre 18 y 30 años. Pero lo van a hacer con más violencia. La sociedad tiene que ver que la persona que estuvo presa dos años sale violenta, y muchos casos se trata de gente inocente o que entró por delitos menores. Un hombre que estuvo dos años preso y luego fue absuelto me dijo `yo entré a la cárcel siendo tranquilo pero salgo como una persona violenta´. Es para pensarlo.”, concluye Daroqui.
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