¿Por qué le faltó energía a la cumbre energética?
*El resultado del encuentro presidencial en Venezuela fue módico porque, en definitiva, lo más resonante ha sido el rechazo de Brasil al Banco del Sur, con un argumento mezquino y soberbio: “no comemos de un plato hecho por otros”.
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Por Claudio Fantini
Pero lo malo es que el sello personalista que Chávez imprime a todas sus iniciativas, además de la avasallante proyección de su propio liderazgo, terminan siendo la barrera que obstruye la integración que en sus discursos proclama tanto.
Quizá lo más resonante de la cumbre energética en la Isla Margarita fue el contundente rechazo brasileño al Banco del Sur. Indudablemente, una marcha atrás, ya que en la antesala de la cumbre energética, el Planalto había ilusionado a Chávez y Kirchner con su adhesión al proyecto.
“No comemos en un plato hecho por otros”, dijo Brasil. Y la verdad es que el argumento es pobre, mezquino y también soberbio. Pero por detrás está la verdadera razón: el enojo de Lula con Chávez por la embestida del exuberante líder caribeño contra los biocombustibles.
Los dos artículos de Fidel Castro en el Granma acusando de “genocida” al proyecto de biocombustibles, que impulsan asociados Brasil y Estados Unidos, fueron la gota de colmó el vaso. Indudablemente, Castro no hablaba por sí mismo, sino por Chávez (a quien le debe muchísimo por la inmensa asistencia económica y energética que, entre otras cosas, terminaron con los cortes de luz en la isla). ¿Por qué? Porque Cuba se volvería saudita de prosperar el etanol, ya que en este rubro la producción azucarera reemplaza a la producción petrolera.
Por cierto, lo que dicen Chávez y Castro no es descabellado, ya que, de no implementarse junto a otras políticas de prevención alimenticia, los biocombustibles podrían incrementar el hambre en el mundo.
De todos modos, Lula entendió que el blanco del ataque era él. Igual que en el acto anti-Bush de Buenos Aires, donde los indirectamente atacados fueron los anfitriones del jefe de la Casa Blanca, o sea los presidentes de Brasil y Uruguay. Por eso a la cumbre de la Isla Margarita no fue Tabaré Vázquez, presidente que ya está incursionando en un aislamiento exagerado y preocupante.
En materia de roces y cortocircuitos, Michel Bachelet evidenció en sus gestos y palabras la crisis que Chile y Venezuela acaban de tener por una declaraciones de Chávez. Cuando el presidente de Venezuela acusó de fascista al Senado chileno, la presidenta le salió al cruce y, con las faldas bien puestas, le señaló los límites a su colega de Caracas.
En síntesis, una vez más Hugo Chávez aportó en lo positivo pero también en lo negativo. La cumbre energética dejó como positivo, gracias a Chávez, la intención de crear el consejo regional de energía y la organización de exportadores de gas. Y como negativo, una vez más, el sello personalista y la ampulosidad sin límites en el despliegue de su propio liderazgo, provocando roces y distanciamientos.
Los presidentes “del mismo palo”, que hasta aquí siempre habían sabido disimular enojos y diferencias a la hora de mostrar una postal de abrazos y acuerdos resonantes (aunque en los hechos nunca lograron cenestesia), esta vez no pudieron maquillar los cortocircuitos que restaron energía a la cumbre energética.
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