Non fiction: cuando la realidad tiene mucho para contar

Sociedad

La fusión del periodismo y la literatura tuvo su explosión en los 60 y ya no es una novedad. Sin embargo, crece en Argentina con historias que valen la pena y hasta llegan a libros.

En las últimas semanas se presentaron, en Argentina, al menos cinco o seis títulos de la denominada "non fiction", de lo que en los 60 fue el Nuevo Periodismo -con Truman Capote o Rodolfo Walsh como exponentes célebres a dos puntas del mapa- y hoy en día es, genéricamente, crónica narrativa.

A más de 50 años de a Sangre Fría u Operación Masacre, parece incómodo seguir hablando del género como algo nuevo. Más aún tras los honores que recibiera el Nuevo Periodismo tras la muerte, en abril, de Gabriel García Márquez, uno de los más reconocidos exponentes.

La crónica, más allá de sus años y quizás como efecto contraparte de un periodismo que se comprime entre las urgencias y la vorágine que imponen los intereses -políticos, económicos- encontrados y las nuevas -y no tanto- tecnologías, emerge con potencia. Dos de los mejores exponentes han visto la luz por estas fechas: El Agua Mala (Aguilar), de Josefina Licitra; y La Frontera Imposible (Editorial Marea), de Sonia Budassi.

Minutouno.com dialogó con ambas para abordar la actualidad de la crónica a través de dos de sus exponentes.

Licitra, que lleva años como cultora y referente de la crónica, narra la inundación de Epecuén, un pueblo de la provincia de Buenos Aires a 500 kilómetros de la Capital, que quedó sepultado en 1985 y obligó a sus habitantes a emigrar al pueblo vecino, Carhué. Y lejos de hablar de un desastre natural analiza su componente social: desde el asentamiento de poblados a la orilla de lagunas encadenadas y amenazantes, la desidia o responsabilidad política, el anhelo humano de la prosperidad y el terrenito, la identidad.

-¿Qué pasa con las historias que contás? ¿Les seguís el hilo? En las historias que contás hay una correlación -casi obsesiva- sobre los efectos de la desidia y la mala praxis -por poner un nombre- política, estatal, institucional sobre la vida de las personas.

-No sigo el hilo de las historias, al menos no de un modo sostenido, sistemático, moral en términos de "tenés que seguir en contacto con el dolor que supiste conocer". Conté muchas historias a lo largo de los años; si sostuviera todas esas líneas a lo largo del tiempo estaría enredada, con dificultad para hacer un movimiento nuevo. La condición para poder trabajar sobre algo nuevo es, por espantoso que suene, dejar atrás lo que ya hice. Eso no significa olvidar. Acompaño las historias desde un lugar distinto, ubicado a otra distancia. Y lo hago con la certeza de que ya hice todo lo que podía hacer desde mi rol. Ya escuché, ya miré, ya conté. Ya construí un relato sobre un tema que sentía que me reclamaba (eso me pasa con ciertas historias vinculadas, por decirlo de un modo esquemático, al "dolor social"). Esa construcción me modifica, y esa modificación, ese cambio interno, es lo que queda en mí.

-Has dicho que no te entrenás para una novela: ¿qué función social le otorgás al periodismo y hasta dónde llega?

-Como decía antes, no voy más allá de contar una historia. Creo que una historia bien contada tiene un poder de reclamo sólido, eficaz. Si el poder político y/o las instituciones quieren hacer algo con eso, lo harán. Eso ya entra en el terreno de la voluntad política, no de mi insistencia por otros carriles. No es mi función llevar una historia por una vía que no sea la narrativa. Me siento tranquila si logro contar una realidad determinada de un modo claro, capaz de interpelar a los lectores, yo entre ellos.

Mientras Licitra hurga en rincones bonaerenses, Budassi viajó -muchas veces y en contingentes de invitados latinoamericanos- a Palestina e Israel, para contar la cotidianeidad de la frontera "imposible". Y lejos de quedarse en la descripción, se metió en el difícil mundo del análisis. Primero como una asumida inexperta y con los juicios y prejuicios de una mirada inicial y luego hacia una mirada fundada, derivada de la multiplicidad de fuentes y experiencias.

-¿Hasta qué punto la primera persona -en la apreciación personal explícita- es tolerable?

-A veces pienso que la nobleza o no de ciertos recursos son análogos a la ficción. ¿Siempre funciona la tercera persona en un cuento, en una novela? Podríamos decir que "depende". Al mismo tiempo, es esperable que el lector de no ficción -cosa que a mí no me pasa; no elijo un libro por el tópico necesariamente- esté interesado en el "tema" que le van a contar, y si el autor se pone muy por encima de él puede resultar molesto, o hasta una traición. En general creo que puede molestar cuando se vuelve muy condenatoria, cuando juzga demasiado, cuando quiere cerrar intensamente el sentido hacia una dirección. Por otra parte, la subjetividad, el punto de vista personal siempre está presente, aunque uno escriba en un tono de retórica neutral, o en tercera persona.

-¿Cuánto "se banca" la ficcionalización? En el llibro aclarás los aspectos novelados o modificados desde el vamos...

-Creo que la sujeción total al referente no es sinónimo de verdad (aunque querramos); acá creo que funciona también el estatuto de verdad y hasta la epistemología de la ficción. Sin embargo, creo que el pacto de lectura con el lector debe quedar claro, aún más ahora, cuando se evidencia con fuerza que los géneros no son estancos, o como suele decirse asistimos al "estallido de los géneros", e incluso los críticos literarios hablan, por volver al tema de la primera persona en la literatura, de "autobiografía novelada", o a veces de "autoficción" y otras de "narrativas del yo".

En mi caso, soy fiel a la investigación y a los hechos, siempre sabiendo que estoy interpretándolos y que me manejo en el plano de la representación, y realizo una operación que es bastante común: la de cambiar los nombres y en algunos pocos casos, aunar características de dos personajes que me resultan análogos en uno, porque no me interesa que determinada persona lea el libro para decir "ah, ese es tal", sino problematizar lo que representan, cómo se disponen ante el otro, cómo son los grados de tolerancia e intolerancia en un grupo, cómo funcionan los efectos de la propaganda o del impacto de los hechos que viven durante su visita a Israel y Palestina.


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