#FilosofíaAplicada Diario de un seductor

Sociedad

La irrupción mediática de Javier Bazterrica, públicamente nombrado como el "gigoló", generó repercusiones impensadas, volviendo a poner en relieve la figura del "seductor" del romanticismo del siglo XVIII y llevándonos a cuestionar si existe verdaderamente el arte de la seducción y de qué se trataría esto.

Seducir es atraer, atrapar, hacerse desear, pero también es engaño, trampa, búsqueda de la apropiación del otro. Si bien la palabra nos parece un tanto ingenua y no solemos darle connotaciones excesivamente negativas, la figura del "seductor", sin dudas nos genera alguna sospecha. Pensada desde la literatura como aquel personaje capaz de conquistar a cuanto ser humano se disponga merced a sus virtudes lingüísticas, su gracia y su cultura, esta creación literaria ha recurrido a la empatía con aquella fantasía de poder cautivar a quien se desee.

Así pues, la emergencia mediática de este "gigoló" fue propiciada por una mezcla entre el deseo de encontrar esa figura mítica del "Casanova" y el hecho bizarro de las características de quien encarnaba tal lugar. De esta forma se podría explicar la repercusión que tuvo su aparición y las cientos de bromas que se configuraron a su alrededor.

Si algo más le podemos agregar al acto de seducir es que en su interior conlleva la idea de que debe torcerse la voluntad del otro, ya que si se da el hecho de que no exista la atracción hay que lograr que se dé con o sin su anuencia

Pero yendo un poco más profundo, eludiendo la sátira o los imaginarios primarios que abordan la seducción, encontramos que esta forma de acercarse hacia otras personas no es tan inocua como creeríamos. El filósofo danés Søren Kierkegaard explora esta situación en su famoso texto "Diario de un seductor" en donde a través de ciertos relatos autobiográficos configura una obra literaria que tiene como personaje principal a Juan, un hombre que busca por todos los medios seducir a Cordelia. No obstante, lo que nos deja entrever Kierkegaard es que la búsqueda en sí no es la de lograr que la mujer ame a este hombre para entablar una relación sentimental, si no que se trata de una cuestión egoísta, de perforar los deseos de ella hasta apropiarse totalmente de su ser para luego, una vez alcanzada esta meta, abandonarla.

En este sentido, pareciera que la seducción llevada a cabo tanto por Juan como por Bazterrica está intrínsecamente relacionada con la búsqueda de la posesión, con un fin egoísta en donde se ve al otro como un simple vehículo para satisfacer las necesidades del propio ego. Ahora bien, ¿esto se trata de un mal uso de la seducción o es la única forma posible de llevarla a cabo? ¿No está siempre implicado el egoísmo en la seducción?

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Sin embargo, no sólo podemos analizar esta circunstancia dado el caso del "gigoló", poniendo en una controversia ética el concepto mismo de "seducción", ya que también estamos en condiciones de rever la repercusión social de este caso y hacer un ejercicio contrafáctico al respecto de qué hubiese sucedido si en vez de ser un hombre, la acusada haya sido una mujer. ¿Se hubiera tomado el asunto con tanto humor y ligereza? Posiblemente no, y la condena social sería mucho mayor. Claro que todo esto permanece en el plano de la especulación, aunque el beneplácito del discurso para con la figura masculina del "don Juan" es un hecho que supera el campo de las especulaciones.

De hecho las ficciones que juegan con las historias sobre "escuelas de seducción", tomándola como si fuese un arte que debe aprenderse, por lo general manifiestan el estereotipo del hombre torpe que no sabe cómo acercarse a una mujer, poniendo en evidencia una perspectiva que dictamina que el hombre ha de ser el activo, el que sale al encuentro (o el que se dispone hacia la invasión) de aquel ser a la espera, pasivo y, además, carente de voluntad para resistir los embates de un perfecto seductor.

La emergencia mediática de este “gigoló” fue propiciada por una mezcla entre el deseo de encontrar esa figura mítica del “Casanova” y el hecho bizarro de las características de quien encarnaba tal lugar

Es que, si algo más le podemos agregar al acto de seducir es que en su interior conlleva la idea de que debe torcerse la voluntad del otro, ya que si se da el hecho de que no exista la atracción hay que lograr que se dé con o sin su anuencia.

Por todo ello podemos concluir que si la sociedad se expide sobre este personaje que se supone a estafado a una numerosa cantidad de mujeres, lo hace para repudiar la estafa o para reírse de las contradicciones que genera su caso, pero de ninguna manera se pone en tela de juicio a la seducción en sí misma, a su núcleo ególatra ni a las consecuencias éticas que puede tener ver a los demás como medios para alcanzar nuestros propios fines. Por tanto, ¿qué hacer con la seducción? ¿Habrá que cultivarla o encontrar otros medios para relacionarnos con las personas que nos atraen?

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