Trabant, el autito alemán de culto
Fue el auto más común en la República Democrática Alemana. Tenía un motor de dos cilindros a dos tiempos y una carrocería fabricada a partir de una mezcla de resina fenólica y algodón.
Trabi
Trabant
Completan su colección una pequeña biblioteca con publicaciones como "Trabbi, la leyenda vive", "Trabant: leyenda sobre ruedas", "Nosotros y nuestro Trabant", "La historia del Trabi" e incluso por duplicado "La enciclopedia automovilística del Trabant".
No faltan tampoco documentos de la época, como diplomas de certificación de calidad o contratos de compra, como el del señor Lehmann, de Karl-Marx-Stadt (Ciudad de Karl Marx, la actual Chemnitz).
"Estimado Señor Lehman. Por la presente le pedimos que acuda con su documentación de pedido para proceder al cierre del contrato de compra. Saludos socialistas", reza la carta dirigida al afortunado conductor, tras varios años de paciente espera para su entrega, con frecuencia mas de una década.
Pero Overbeck no es el único que rinde su particular homenaje al Trabant con estas reliquias: Alemania cuenta con más de un centenar de clubes de fans del mítico "coche de cartón piedra".
Además, Zwickau, la cuna del coche por excelencia de la Alemania Oriental, recibirá entre el 24 y el 26 de junio el Encuentro Internacional de Conductores de Trabant (ITT).
Esta afición cruzó incluso el charco, donde se calcula que deben existir unas 250 unidades de este vehículo, que alcanzaba -cuesta abajo- los 100 kilómetros por hora.
"Nosotros, los conductores de Trabi, somos una raza aparte aquí en Estados Unidos y necesitamos comunicarnos entre nosotros si queremos conservar nuestros Trabant", afirma Matt Annen, administrador del portal Trabant USA.
Subraya que "después de todo, el Trabant es un vehículo motorizado de una increíble importancia histórica, simbolismo político y logro tecnológico diferente a cualquier otro coche de coleccionista".
En septiembre de 2009, el Salón del Automóvil de Fráncfort presentaba una versión con motor eléctrico del Trabi, el "Trabant nT", sencillo y ligero como su antecesor, pero robusto y equipado con un motor eléctrico con una batería de iones de litio con alcance para 160 kilómetros.
No obstante, para los nostálgicos como Overbeck, nada como un Trabi como los de antes. En 2009, el joven se convertía en el orgulloso propietario de un Trabant de 1986, su tercero ya, por el que pagó 2.450 euros.
El joven dio en Internet con el coche, "azul claro y en buen estado", que con sus correspondientes arreglos acabó siendo una copia casi exacta de aquel que recordaba de sus vacaciones de Pascua en la ciudad de Röblingen
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