Truch- Food INC.

*En este país somos victimas y victimarios de un sistema donde lo trucho es lo más parecido a una forma de identidad nacional (Segunda Parte).

EFE
Por EFE

Al margen del inexpugnable mundo de la  tecnología, es interesante observar lo que ocurre con las comidas en Trucholandia.


Basta con un simple análisis para comprobar que las pastas caseras no contienen huevo, las salsas de tomate son puro colorante y que el ADN del jamón cocido (por no hablar de la paleta) tiene poco y nada que ver con un chancho.

Peritos criminalísticos opinan que si se aplicaran estrictos mecanismos de análisis y control y se pudiera seguir a los pacientes con problemas estomacales se llegaría a la conclusión de que la comida es una de las mayores causas de morbilidad que tiene Trucholandia.

Otra desgracia del capitulo gourmet es la imposibilidad de degustar lo que se supone que se esta comiendo: el pollo no tiene gusto a pollo y la mozzarella que se usa en la mayoría de las pizzerías, extraña “clonación” entre la caseína y el plástico, resulta por lo menos insípida.

En Trucholandia no se salvan ni las panaderías, que desplieguen sobre los sándwiches de miga una sustancia que muta según los designios de una tómbola especial. Algunos dicen que es mayonesa. Otros que es manteca (aunque no tiene gusto a manteca ni tampoco a margarina, que seria su sucedáneo más inmediato). Lo único que se sabe es que ese misterioso elemento es altamente perjudicial, ya que la mayoría de las intoxicaciones que se registran en fiestas y reuniones se producen, precisamente, tras engullir los “sandwichitos” y la incierta materia con que se “pegan” sus componentes.

Claro que todas estas “anomalías” no llaman la atención en Trucholandia, donde cada vez que hay un incendio los bomberos primero deben luchar contra las mangueras pinchadas y luego contra la falta de presión del agua.

En Trucholandia se puede conseguir de todo, menos capacidad de sorpresa…

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