ÚLTIMOS DÍAS DE LA LIBRETA ROJA
*“El Matrimonio depende de manera directamente proporcional de la capacidad de flexibilidad monogámica... ¡a mayor flexibilidad, mayor duración!”
Axioma de la monogamia flexible (o como hacer sobrevivir al matrimonio)
Para las generaciones anteriores, una de las claves del matrimonio era el “proyecto de pareja” (“nuestra casa “, “nuestros hijos”); la vida de dos personas se transformaba en una “monovida”. Hoy, esa perspectiva es sinónimo de alineación y pegoteo, de pareja simbiótica y ¡enferma! En el siglo XXI la clave es: "¡Vos haces esto, yo hago lo otro!", “Yo salgo con mis amigos, vos con tus amigas”.
Claro que este desarrollo individual en paralelo tiene dos lecturas antagónicas: la positiva es que, desde un punto de vista racional, este estilo de vida enriquece a la pareja. La negativa es que inevitablemente el matrimonio se va escindiendo.
La destreza, el arte, reside en evitar que los proyectos individuales deriven en una convivencia puramente formal, en un pseudo amor cómodo o funcional que se base en cooperar con los gastos de la casa y de la educación de los hijos. Dividir y compartir en proporciones razonables las existencias es lo único que puede garantizar la buena vida de pareja.
¿Cómo se hace? Mi consejo es establecer un código de porcentajes muy firmes de qué cosas se comparten y cuales no. Una vez divididos los tiempos y las prioridades individuales y compartidas, tanto el hombre como la mujer irán evaluando el “costo-beneficio” de seguir juntos, la convivencia o no de sostener la pareja.
Por supuesto que para que un matrimonio funcione también hay que poner energías en lo que se hace de a dos, en conjunto. En este sentido, lo primero que hay que destacar es que quien elige casarse, opta por un compromiso que va mucho mas allá del afecto y del cuidado mutuo, del “marido / esposa-enfermero”, del “yo te cuido cuando estás enfermo, yo te ayudo cuando tenés un problema, yo te levanto cuando estás deprimido y vos me la devolvés”.
Una pareja feliz requiere más que eso: implica que el otro escuche y se interese, que le dedique tiempo, que admire a la otra persona, que sea generoso con los bienes comunes, que haga los “trámites” necesarios para que el sexo no sea un embole; es vital dedicar tiempo y cerebro para introducir elementos de consolidación sexual, para no erradicar las tentaciones, porque lo único que va a mantener el proyecto común, además de la responsabilidad frente a los hijos, ¡es la satisfacción sexual!
Gentileza de Ediciones B / Grupo Zeta
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