Los mejores y los peores de un clásico sabor argentino: el alfajor

Una cata para entendidos: las revelaciones, los abundantes, los demasiado abundantes y los que pasaron sin pena ni gloria.

¿Qué mejor que un alfajor para acompañar un buen café en época de bajas temperaturas? De dulce de leche, de chocolate, de fruta o de mouse; la oferta de este dulce es amplia y para todos los gustos.

Pero la lógica indica que si existe el cielo de los alfajores también tiene que existir el propio infierno. Allí, se pueden encontrar, por ejemplo, los que escatiman en condimentos.

Para entendidos o aprendices, Planeta JOY presenta una radiografía de las góndolas para golosos.

El cielo

1. Cachafaz Blanco
La gente de Cachafaz sigue demostrando que sabe lo que hace y nos entregó en 2010 la versión blanca de su ya clásico alfajor que supo hacerse fama usando más el boca en boca que la publicidad tradicional. Dos galletitas suaves, una gran cantidad de dulce de leche y un noble baño de chocolate blanco, todos ingredientes que hacen temblar hasta el más valiente de los “alfajómanos”. Un auténtico candidato a clásico.

2. Vauquita Capuchino
Después de dejarnos sin aliento en 2009 con el espectacular alfajor Vauquita aparece esta genialidad que, como su predecesor, rebosa de dulce de leche (seriamente, pocas veces la foto de un packaging hace tanta justicia al contenido como en este caso) y se complementa con un exquisito sabor a café. Ideal para la tarde, cuando falta poco para irse de la oficina.

El infierno



1. Fulbito
No hay caso. No hay nadie que pueda destronar al rey de los alfajores berretas. No puedo dejar de nombrarlo y recordarles a todos los que intentan cuidar de su salud mental y física que deben mantenerse lejos de esta aberración. Poco más que decir. Si lo probaste y te gustó, recomiendo que te hagas un trasplante de paladar urgente.

2. Escolar
Bajo este horrendo pero aparentemente inofensivo nombre se encuentra otra monstruosidad. Los encontré recientemente en una estación de tren de San Miguel y me corre un frío por la espalda al pensar que, gracias a su nombre, haya muchos inocentes alumnos bonaerenses que estén deglutiendo esto. Galletitas secas como el desierto, una capa de dulce de leche que se puede medir en micrones, y un packaging de horrendos colores chillones. Evitar acercarse a menos de un kilómetro.

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