El presidente provisional del Senado tiene claro a qué se habría dedicado si no seguía con la tradición familiar. A sus 60 años, contó cuáles son sus pasiones ocultas detrás de la gestión pública.
Su bisabuelo y tocayo, Federico Pinedo, fue designado intendente de Buenos Aires durante el gobierno de Luis Sáenz Peña y es recordado, por ejemplo, por inaugurar la Avenida de Mayo el 9 de julio de 1894.

Su abuelo se llamó igual y fue ministro de Hacienda durante la llamada "Década infame" y él, heredero del la política y del nombre, quizás sea recordado como el presidente que duró 12 horas, durante su interinato entre la salida de Cristina Kirchner y la asunción de Mauricio Macri.

Sin embargo durante una entrevista con revista Gente, el presidente provisional del Senado manifestó estar muy seguro de cuál hubiera sido su destino si no se hubiese metido en la política, vocación que inclusive no quedó del todo relegada, ya que pudo materializar varias de sus pasiones a la par de su trabajo como funcionario.

"Arquitecto, pintor, poeta... Soy un poco todo eso", sorprendió Pinedo con su respuesta, mostrando un lado creativo y más vinculado al mundo de las artes que al de las leyes, los números o el trabajo social que podrían haber sido para muchos algunas de las opciones para alguien con vocación política.

"Escribir me da un enorme placer. Tengo muchos versos inéditos", continuó en ese sentido Pinedo, que comenzó su carrera política en 1972, en el partido Nueva Fuerza del liberal Álvaro Alsogaray, para ser en 1987 electo concejal de la Capital Federal por el período 1987-1991.

Inclusive, Pinedo no muy lejos de tener pudor por compartir esta faceta desconocida, redobló la apuesta y dejó saber: "Escribí un libro de filosofía, que tal vez publique. Se llama El amor y lo absoluto."