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- 15 de octubre de 2012 - 00:33

Baumgartner saltó desde más de 39.000 metros de la Tierra y rompió la barrera del sonido

El austríaco se tiró desde la estratósfera en el estado norteamericano de Nuevo México, donde superó los 1.100 km/h. Alcanzó además el récord de velocidad en caída libre y de altitud.
El paracaidista austríaco Felix Baumgartner saltó este domingo desde una cápsula impulsada por un globo desde una altitud de 39.068 metros -más alto de lo programado originalmente que iba a ser de 36.000 metros- sobre el suelo de Nuevo México (sudeste de Estados Unidos), con el objetivo de romper por primera vez la barrera del sonido en caída libre.

En el descenso, Baumgartner alcanzó los 1.173 kilómetros por hora, por lo que superó la barrera del sonido (1.100km/h) y consiguió su hazaña. "¡Misión cumplida!", escribió Baumgartner  a través de Twitter.

En los primeros cuatro minutos y medio, el salto los realizó sin paracadías, que recién abrió a 1500 metros de la tierra. El autríaco mantuvo en total el paracaídas 4 minutos y 19 segundos, tras haber saltado de la estratósfera  y aterrizó de pie en el desierto estadounidense, donde un helicóptero con camarógrafos y técnicos lo alcanzó instantes después.

El aterrizaje se podría decir que fue perfecto porque Baumgartner logró controlar el descenso y evitar caer en barrena, lo que le podría haber llevado a perder la consciencia o sufrir una hemorragia cerebral en caso de girar de forma descontrolada.

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Cómo es el globo desde el que se arrojó el austríaco

El globo de helio que subió la nave de Baumgartner a la estratosfera tiene una altura de 180 metros y su tejido plástico, desplegado, cubriría 16 hectáreas, según los datos de la misión.

Para que el lanzamiento se produzca en condiciones óptimas el viento debía soplar a menos de tres kilómetros por hora en los primeros 244 metros de altura, algo que finalmente sucedió.

Con este experimento, que fue transmitido por unas 150 televisiones en directo, Baumgartner esperaba batir cuatro récords: ser el primero en superar la velocidad del sonido sin ayuda mecánica; en realizar el salto con paracaídas desde más altura; protagonizar la caída libre más larga y subir en globo al punto más alejado de la tierra. Salvo el de la caída más larga, consiguió todos los otros récords.

¿Cuáles eran los riesgos?

Un salto al vacío de 15 minutos, cinco de ellos en caída libre, con velocidades de más de 1.100 kilómetros por hora y temperaturas de 68 grados bajo cero, como la que planeaba el austríaco Felix Baumgartner, supone someter al organismo a unas condiciones extremas que pueden ser fatales.

Los riesgos empiezan ya con el ascenso en globo hasta la cota prevista de 36.576 metros. A los 19 kilómetros se cruza la llamada línea de Armstrong, a partir de la que la presión atmosférica es tan baja que el agua se evapora.

Jonathan Clark, jefe médico de la "misión estratos", compara lo que ocurriría con la sangre y los tejidos de Baumgartner con la explosión de burbujas que se produce al abrir una botella de gaseosa. "Eso puede causar la muerte muy rápidamente", advierte el experto, en declaraciones que recoge la radiotelevisión pública austríaca ORF.

La baja presión implica otros riesgos, como que los gases acumulados en el cuerpo se expandan (por eso el saltador evitará los alimentos con fibra antes de la misión) o se produzca una embolia por la formación de burbujas en el riego sanguíneo.

Para evitar problemas, Baumgartner cuenta con un traje presurizado que, aparte de proteger de las bajas temperaturas, mantendrá estable la presión alrededor del cuerpo del austríaco. El traje, sin embargo, difiere de los usados por los pilotos de avión, ya que debe dejar al austríaco suficiente movilidad y visibilidad para poder moverse y "bucear" en el aire durante su caída.

Esa enorme aceleración es uno de las mayores preocupaciones del equipo de la misión, ya que se sabe que la colisión de ondas de choque puede alterar o incluso romper objetos. Pero durante un descenso de 15 minutos de duración total pueden pasar más cosas, como que Baumgartner pierda el control y la caída libre degenere en una caída en barrena o en espiral.

En este caso, si el eje de rotación se fija en los pies, la acumulación de sangre puede provocar que el austríaco pierda el sentido. Si la sangre se desplaza a la cabeza, el peligro es mayor, con posibles hemorragias cerebrales y en los ojos. Si se da esa situación, Baumgartner cuenta con un paracaídas que se abriría automáticamente para estabilizar la caída si la barrena dura demasiado tiempo o es demasiado intensa.

La galería de posibles horrores es aún más larga. Un aterrizaje descontrolado o demasiado violento; la intensidad de la radiación ultravioleta o incluso que una apertura prematura del paracaídas ralentice el descenso hasta el punto de que al saltador se le acabe el oxígeno.

Aterrizaje exitoso

Pese a todos los pronósticos y posibilidades, el deportista logró hacer pie en tierra caminando, como si se hubiera arrojado desde unos pocos metros. "Se lo dedico a todos los que dijeron que me iba desintegrar cuanto aterrizara", lanzó victorioso Baumgartner durante la conferencia que brindó, dos horas después de su hazaña.

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